Organizaciones ciudadanas exigen detener la obra que reemplazará más de 80 años de historia por adoquines de cemento. Pero el alcalde Sergio Bolliger se mantiene en sus trece y defiende la intervención argumentando seguridad y progreso: «No se puede hacer tortilla sin romper huevos». Pero tampoco se puede justificar la destrucción de nuestra historia.










