
Emprendedores y productores locales buscan consolidar empresas con identidad arequipeña y estándares de calidad internacional.
Diego Jalsovec Rendon, Gerente general Arequipa Distillery Company
Mañana, 15 de agosto, Arequipa conmemora 486 años de historia. Las campanas de la Catedral, el repique de las bandas y la bandera de la ciudad inundan el ambiente de una festividad que trasciende lo protocolar. Sin embargo, cuando los empresarios y productores locales contemplamos la majestuosidad del Misti y la arquitectura de sillar que cobija nuestra tierra, la emoción no debe quedarse únicamente en el homenaje nostálgico al pasado. El verdadero carácter de Arequipa no se esculpió en la piedra; se forjó en la actitud de su gente y en una vocación histórica de independencia, esfuerzo e innovación productiva.
Desde los fértiles valles agrícolas y las tradicionales bodegas de destilación que moldearon el comercio regional desde el virreinato, hasta la moderna industria textil, manufacturera y de servicios que hoy dinamiza el sur, Arequipa ha sido un territorio construido sobre la autogestión. El desarrollo de esta ciudad nunca esperó las directivas ni los presupuestos del centralismo limeño. El empresario arequipeño aprendió desde temprano a vencer la geografía difícil, a gestionar la escasez y a levantar empresas sostenibles a fuerza de rigor, calidad e ímpetu personal.
El ADN de nuestra tierra es, por definición, un ADN emprendedor. Sin embargo, celebrar casi cinco siglos de vida institucional en este 2026 nos exige actualizar el compromiso. El orgullo regional ya no puede ser solo un sentimiento contemplativo; debe consolidarse como un activo de competitividad. La micro y pequeña empresa local enfrenta hoy el desafío de dar el salto de la resiliencia a la sofisticación: profesionalizar los procesos, adoptar tecnología, proteger la marca, cuidar la liquidez con rigor técnico y elevar la vara para que lo producido en Arequipa sea sinónimo indudable de excelencia en cualquier mercado del mundo.
Hacer patria chica en este aniversario significa formalizar nuestras unidades productivas, cuidar a nuestros colaboradores y demostrar que desde las regiones se pueden construir marcas con identidad profunda y estándares globales. Cada botella, cada prenda, cada servicio y cada producto que sale de un taller o fábrica local lleva consigo la reputación de toda una ciudad.
Arequipa es una lección viva de que la grandeza se construye trabajando. En esta víspera jubilar, el mejor tributo que podemos rendirle a la tierra que nos vio nacer o trabajar es reafirmar nuestra fe en el trabajo honesto y en la iniciativa privada como los únicos motores capaces de generar prosperidad duradera.
Que el orgullo de ser characatos se traduzca en mejores empresas, mayor empleo formal y una visión audaz para los años que vienen. Levantemos la copa por el pasado glorioso de Arequipa, pero, sobre todo, por el futuro próspero que sus emprendedores seguimos construyendo día a día. ¡Feliz día, Arequipa!
CITA
“El verdadero carácter de Arequipa no se esculpió en la piedra; se forjó en la actitud de su gente”.
DATO
Arequipa conmemora este 15 de agosto su 486 aniversario, casi cinco siglos de historia, esfuerzo e identidad regional.







