

Por: Jorge Luis Quispe
Un síntoma inequívoco de los regímenes totalitarios y las dictaduras es la manipulación y la negación de la historia, la misma que ubica a los dictadores, asesinos y corruptos en el lugar que les corresponde.
Con la victoria de Fujimori, en redes sociales han aparecido granjas de trolls que arremeten contra todo aquel que recuerde y afirme los hechos comprobados y sentenciados de la historia reciente, es decir, la cargan contra todo aquel que afirme que Fujimori padre fue lo que fue: un corrupto, dictador, ladrón y asesino.
En esta persecución y negación de la verdad, los espacios de memoria y reflexión como El Lugar de la Memoria tienen una responsabilidad trascendental. He querido enunciar esta brevísima introducción porque cada registro que preserve la memoria de un país debe ser visibilizado y expuesto a la consideración de la opinión pública.
“Apologética de la esquirlas”, del poeta Juan Yufra, está constituido por un puñado de versos que dan cuenta del impacto que el autor experimentó al visitar el Lugar de la Memoria de Chile, en el apartado del golpe de estado de 1973, donde la represión militar se hizo del poder matando a 593 personas, en un periodo en el que los desaparecidos bordearon las 20 mil víctimas mortales.
Yufra tuvo el acierto de titular cada poema con el nombre de las formas de los métodos de tortura del régimen. Así, el lector va siendo testigo del desgarrador recorrido del poeta. El horror del detalle se materializa con los versos formados a partir de las lágrimas, el sudor, las manchas de sangre y la orina de las víctimas que nos hablan para decirnos que la dictadura es la violencia del poder.
Cada poema es una pulsión de alguien, de algunos que fueron, es un testimonio agudo y penetrante de la violación de los derechos humanos. El poeta demuestra que el vínculo entre poesía y política germina un registro subjetivo de dolor y espanto.
El libro no pretende ser historia, tampoco un documento de archivo, sino que se transforma en lo que queda después de asistir a la barbarie. Queda eso: restos, vestigios, manchas, nombres. La violencia de la represión desconoce de identidades, todo lo aglomera para destruirlo. Yufra ve en los resquicios a las personas que había en los escombros de lo que fue.
El autor, al proponer la relación poesía – política – violencia, pone sobre la mesa a los que siempre “ponen la cuota de sangre”: los muchos y comunes, a los que se les niega una identidad propia, una vida, una familia, a los que se les niega la justicia.
En esa línea, pienso en las víctimas de Juliaca, de Puno, de Ayacucho. Sus historias ni sus nombres deben ser olvidados. No habrá un poeta, pero debe haber justicia.

Candela
Tengo también en mis manos el libro álbum “Candela”, que la artista y mediadora de lectura Josefina Jiménez le dedicó a su abuela.
Se equivoca quien cree que los libros para niños son solo para niños o que son de fácil hechura y factura. Nada más erróneo, y este libro lo demuestra con creces.
Para empezar, dedicar un libro a alguien que ya no está implica en primer término haber sobrepasado el luto para filtrar los recuerdos, las anécdotas, los diálogos, las caricias, las comidas, los paseos… en fin, todo lo que un niño comparte con sus abuelos.
Luego, moldear ese material y hacerlo poesía es otro procedimiento no menos inquietante, asumo yo, y plasmarlo en un texto. Las ilustraciones que vienen de la mano de Javier Ramos deben expresar y traducir el sentir de las palabras, otro mérito del libro.
Así llega a nuestras manos “Candela”, en el que muchísimos lectores se identificarán plenamente o en parte. ¿Quién no ha sido engreído alguna vez por un abuelo o una abuela? ¿Quién no recuerda una travesura socapada por el ilimitado amor de un abuelo o abuela?
¿A qué niño o niña no le encanta comer los fines de semana en la casa de la abuela/o porque siempre que los visitas prepara el plato preferido del nieto/a?
Yo ni diría tajantemente que se trata de un libro infantil, sino de la memoria familiar, de la ternura, del cariño, de la sensibilidad, pero también de la pérdida, del duelo, de aquello que nos hace tan humanos: el amor.
Hace casi una década los libros álbum o libros ilustrados han encontrado un espacio en el público lector de nuestro país, que cada año se ha hecho más grande. Los niños son los lectores más audaces e implacables: su lógica de hierro y su desbordante imaginación no soportan medianías.
La demanda ha crecido, y con esta, la responsabilidad también. Creo no equivocarme al decir que “Candela” se inscribe orgullosamente entre los libros de factura nacional que más va a cautivar a los lectores en este año 2026.
Todos tenemos una Candela en casa, abracémosla.
Cita
Yufra tuvo el acierto de titular cada poema con el nombre de las formas de los métodos de tortura del régimen.
Cita
Así llega a nuestras manos “Candela”, en el que muchísimos lectores se identificarán plenamente o en parte.







