La propuesta de incrementar la Remuneración Mínima Vital a S/ 1.500 vuelve al centro del debate económico. Aunque busca mejorar los ingresos de los trabajadores, especialistas advierten que una medida de este tipo podría generar efectos adversos en las micro y pequeñas empresas, incrementando los costos laborales y elevando los riesgos de informalidad y desempleo.
Diego Jalsovec Rendon, Gerente general Arequipa Distillery Company
En el debate económico posterior a la campaña electoral, una propuesta ha vuelto a cobrar fuerza: elevar por decreto la Remuneración Mínima Vital (RMV) a 1,500 soles. Desde una perspectiva puramente social, la intención es inobjetable: todos deseamos que el trabajador peruano tenga un mayor poder adquisitivo y una mejor calidad de vida. Sin embargo, cuando analizamos esta medida desde la dura realidad de la micro y pequeña empresa (Mype), la matemática nos advierte que el populismo salarial suele pavimentar el camino hacia consecuencias muy distintas de las prometidas.
El error fundamental de este enfoque radica en creer que los salarios se fijan por decreto supremo y no por la productividad real de la economía. En una gran corporación, un incremento de esta naturaleza puede absorberse dentro de sus márgenes o mitigarse mediante la automatización. Pero en el universo Mype, que opera con márgenes de ganancia sumamente ajustados, el costo laboral directo —que incluye no solo el sueldo básico, sino también las gratificaciones, la CTS y EsSalud— representa el mayor peso dentro de la estructura mensual de costos.
Cuando el Estado eleva el costo de contratar formalmente sin que la empresa haya incrementado su eficiencia, sus ventas o su nivel tecnológico, rompe la ecuación financiera del negocio. El pequeño empresario se ve obligado a tomar decisiones drásticas para sobrevivir: congelar nuevas contrataciones, reducir personal o, en el peor de los casos, verse empujado hacia la informalidad. Paradójicamente, la norma que buscaba proteger al trabajador termina desprotegiéndolo, al convertir un empleo formal con beneficios en un acuerdo informal de supervivencia.
El verdadero bienestar laboral no se decreta; se construye mejorando las condiciones de competitividad. Si queremos que los sueldos aumenten de manera sostenible, el Estado debe enfocarse en elevar la productividad del ecosistema Mype, facilitando el acceso a créditos con tasas justas, capacitando técnicamente a la fuerza laboral, promoviendo la adopción tecnológica y reduciendo la asfixiante carga impositiva que penaliza a quienes intentan formalizarse.
Subir el sueldo mínimo sin un incremento correlativo de la productividad es como encender una fogata con billetes: genera una ilusión efímera de bienestar que rápidamente es devorada por la inflación y el desempleo.
Hacemos un llamado a la sensatez técnica de nuestras nuevas autoridades. El motor productivo de Arequipa y del país no necesita medidas efectistas que suenen bien en un mitin, pero destruyan caja en el taller. Para que los trabajadores ganen más, primero debemos lograr que las empresas produzcan mejor. Cualquier otro camino es solo populismo, y el costo de esa factura siempre termina siendo pagado por los más vulnerables.
CITA
«El bienestar laboral sostenible se construye fortaleciendo la productividad y no solo mediante decretos.»
DATO
Los costos laborales incluyen sueldo básico, gratificaciones, CTS y aportes a EsSalud para el empleador.









