Hilos de resistencia: Octavio Quispe y su sueño de un parque industrial

Octavio Quispe convirtió la sala de su vivienda en un taller textil donde produce miles de gorros cada semana junto a cinco trabajadores. El emprendedor arequipeño, que comenzó a trabajar desde niño y superó quiebras y dificultades económicas, ahora busca acceder al Parque Industrial de Yura para ampliar su producción y generar más empleo.

Octavio Quispe, es el octavo de 10 hijos.

La sala de Octavio Quispe no tiene sofá ni mesa de centro. En su lugar, hay máquinas de coser, rollos de tela y sillas de plástico donde sus colaboradores trabajan, en ocasiones, hasta turnos dobles para elaborar gorros. Apenas ingresamos encontramos tu pequeña fábrica. “No hay más espacio. Aquí duermo, aquí trabajo. En vez de sillones hay máquinas; en vez de muebles, armarios con tela”, reconoce Octavio. Lo que debería ser un lugar de descanso es, en realidad, el motor de su sustento.

Un sueño forjado con esfuerzo

Octavio da trabajo a 5 personas que le ayudan en su producción.

A sus 33 años, Octavio no solo dirige un negocio, atiende a su familia y además da trabajo a cinco personas que dependen de su ritmo. Su historia no empezó solo con deseos, a los 11 años ya trabajaba en confección. De día el taller y de noche el colegio. Sin mentores ni capital, tenía una visión constante: comprar su primera máquina. Esa imagen lo perseguiría pero no por mucho tiempo.

Aunque para cumplirlo primero tuvo que ir con su hermano a la mina. El trabajo era pesado, pero cada sol ahorrado era un paso hacia la autonomía. A los 17 años lo logró. Compró su primera máquina, luego la segunda. Con la juventud de un adolescente y la certeza de un hombre hecho a sí mismo, Octavio creyó que el camino estaba abierto. 

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Pero ese solo era el comienzo. Se mudó a Juliaca para expandir su negocio, pero recibió un golpe clave. “Cuando no sabes del negocio, te vas a la quiebra al toque”, confiesa. Perdió el capital que tanto le costó juntar. Pero en lugar de rendirse, volvió a trabajar. Logró ahorrar de nuevo, con la misma disciplina, y esta vez se instaló en Arequipa. Alquiló un cuarto, durmió en el piso con una sola frazada y volvió a empezar de cero. 

Un parque industrial

Poco a poco, con ayuda de conocidos y trabajo constante, fue levantando su taller. Hoy produce alrededor de 2 mil gorros a la semana. Podría llegar a 5 mil, pero le sobran máquinas y le falta espacio. Está ubicado en Alto Selva Alegre, en el Pueblo Joven Independencia, lejos del centro, lo que aleja a posibles trabajadores. “La gente no viene hasta acá porque está bastante lejos. Si tuviera espacio, contrataría más gente y produciría más del doble”, explica.

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La producción la comparte con su pareja, cumpliendo pedidos que por el espacio reducido se ven reflejados en menor cantidad. En medio de ese ritmo, el Parque Industrial de Yura, entra como una solución que lleva años esperando. “Todos los empresarios queremos irnos allá. Llevamos años luchando y no se hace realidad”, cuenta. Cada ciclo electoral trae promesas, pero ninguna obra. “No queremos que nos regalen nada. Queremos que nos vendan o alquilen el espacio. Pagamos por trabajar, no por pedir limosna”, afirmó. 

Mientras tanto, sigue produciendo en su sala, soñando con un taller amplio donde pueda enseñar a otros, como él aprendió a fuerza de prueba y error. “Me gustaría que mis trabajadores también tengan su empresa. Que crezcan, que sean independientes, así como yo”, manifiesta.

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Su padre, una de sus mayores inspiraciones, ya no está, pero sigue presente. “Siempre fue bueno conmigo. Cuando sueño con él, sé que va a haber trabajo. Es una señal”, cuenta. No es superstición, es la memoria de quien le enseñó a no depender de nadie. 

A sus 33 años, Octavio no se considera un hombre realizado. “Las metas nunca tienen límite. Aún me falta cumplir mis sueños. Me gustaría ir al Parque Industrial, ver mi taller grande, tener hartos trabajadores y sentirme orgulloso», agrega.

Mientras las máquinas no dejen de bajar y sus manos sigan guiando la tela, su historia quedará escrita en todas las puntadas que da, aunque sea en un parque industrial o en un taller-sala que sin ser lo que es, produce gorras y su futuro.

DATO

Octavio cuando fue a Juliaca perdió su mercancía por falta de papeles, tras operativos realizados por Aduana.

CITA

«Yo no sabía hablar castellano, aprendí a los 13 años, leyendo varios libros», Octavio Quispe

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