noviembre 3, 2026
Inflacion

Productos como el limón, la cebolla y la arveja verde registraron aumentos en la feria Altiplano, en Miraflores.

Arequipa registró una inflación anual de 5,09 % en octubre de 2026, por encima del promedio nacional. El incremento de los precios de alimentos y productos básicos presiona los presupuestos familiares, reduce el poder adquisitivo y obliga a numerosos hogares a modificar sus hábitos de consumo. El encarecimiento también afecta a pequeños comerciantes y negocios locales, mientras crece la necesidad de respuestas públicas para proteger la economía familiar.

Por: Karola Lara Manchego. Doctora en Comunicación y Desarrollo

La inflación no es solamente una cifra que aparece en los informes económicos. Tiene rostro, consecuencias y una presencia cotidiana en los hogares. Se manifiesta cuando una madre debe reducir sus compras en el mercado, cuando un trabajador descubre que su salario ya no alcanza como antes o cuando una familia comienza a sustituir alimentos nutritivos por otros más baratos. En Arequipa, el encarecimiento del costo de vida ha dejado de ser una preocupación abstracta para convertirse en una realidad que exige atención.

El último informe del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), correspondiente a octubre de 2026, revela que Arequipa registró una inflación anual de 5,09 %, superior al promedio nacional de 4,83 %. Solo durante octubre, los precios aumentaron 0,64 %, mientras que la inflación acumulada entre enero y octubre alcanzó el 5,59 %. Estas cifras colocan a nuestra ciudad entre las ocho con mayor inflación anual del país.

Pero ¿qué significa realmente una inflación de 5,09 % para una familia arequipeña? Significa que, en promedio, una canasta de bienes y servicios que hace un año costaba S/ 1 000 ahora cuesta aproximadamente S/ 1 050,90. Es decir, se necesitan S/ 50,90 adicionales para adquirir lo mismo. Si los ingresos no aumentaron en una proporción semejante, el poder adquisitivo disminuyó. Y cuando el presupuesto familiar ya era insuficiente, cualquier incremento puede representar una renuncia.

El problema es todavía más preocupante cuando los alimentos encabezan las alzas. Según el INEI, durante octubre el grupo de alimentos y bebidas no alcohólicas aumentó 1,49 % a nivel nacional. Entre los productos con incrementos significativos se encuentran el choclo (38,4 %), la zanahoria (21 %), la arveja verde (20,7 %), el olluco (12,8 %) y la papa amarilla (10,9 %). Son variaciones nacionales del mes, no tasas anuales exclusivas de Arequipa, pero ayudan a comprender las presiones que también experimentan los mercados locales.

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La situación se observa en la feria Altiplano, en el distrito de Miraflores. Según un reporte periodístico publicado el 2 de noviembre por El Búho, el kilogramo de limón pasó de aproximadamente S/ 5 a S/ 6, mientras que la cebolla aumentó de S/ 2,50 a S/ 3,50. La arveja verde, que anteriormente costaba entre S/ 4 y S/ 5, llegó a venderse a S/ 8 por kilogramo. Son precios recogidos en establecimientos específicos, pero permiten dimensionar cómo las variaciones económicas se trasladan a las compras diarias.

Detrás de estos incrementos existe una cadena de factores. Las alteraciones climáticas asociadas al fenómeno de El Niño Costero han afectado la producción y disponibilidad de determinados alimentos. A ello se suman las presiones sobre los combustibles, que encarecen el transporte y la distribución. Cuando producir, trasladar y comercializar cuesta más, parte de esos gastos termina reflejándose en el precio que paga el consumidor.

Sin embargo, reducir esta situación a un problema de oferta y demanda sería desconocer sus consecuencias humanas. La inflación no golpea a todos por igual. Una familia con ingresos suficientes puede modificar temporalmente sus hábitos de consumo. En cambio, para quienes viven de salarios bajos, empleos eventuales o actividades informales, el aumento de precios puede significar reducir la calidad de su alimentación, postergar gastos médicos o endeudarse para cubrir necesidades esenciales.

Pensemos en una familia que destina S/ 800 mensuales a alimentos. Si el costo de su misma canasta alimentaria aumentara un 10 %, necesitaría S/ 80 adicionales cada mes, es decir, S/ 960 más al año. Este es un ejemplo ilustrativo, no una medición de la inflación alimentaria de Arequipa. Sin embargo, muestra cómo pequeños incrementos acumulados pueden alterar profundamente la economía de un hogar.

Las consecuencias también alcanzan a los pequeños comerciantes, los transportistas, los restaurantes populares y los emprendimientos familiares. Cuando los insumos suben, los negocios enfrentan una difícil decisión: trasladar los incrementos al consumidor y arriesgarse a vender menos, o absorberlos y reducir sus márgenes de ganancia. En ambos casos, la economía local experimenta tensiones que pueden afectar el consumo, la rentabilidad y el empleo.

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Existe, además, una dimensión social que merece mayor atención: la alimentación como condición indispensable para el desarrollo humano. Cuando una familia reduce la variedad y calidad de sus alimentos por razones económicas, no solo cambia su presupuesto. Puede comprometer su nutrición y, particularmente en el caso de niños y adolescentes, generar riesgos para su salud y aprendizaje. No es posible afirmar que la inflación actual ya haya producido estos efectos en Arequipa sin investigaciones específicas, pero sí reconocer que constituye un factor de vulnerabilidad.

Frente a este escenario, cabe preguntarse: ¿estamos preparados para enfrentar un encarecimiento sostenido de los alimentos? ¿Qué acciones desarrollan las autoridades regionales y municipales para fortalecer el abastecimiento? ¿Se está apoyando suficientemente a los pequeños productores? ¿Existen mecanismos eficaces de información para que la ciudadanía compare precios y tome mejores decisiones?

Es cierto que las autoridades locales no controlan la inflación nacional ni las cotizaciones internacionales de los combustibles. La estabilidad monetaria corresponde principalmente al Banco Central de Reserva del Perú. Sin embargo, los gobiernos regionales y municipales sí pueden contribuir mediante una mejor infraestructura de mercados, mantenimiento de vías, reducción de obstáculos logísticos, fortalecimiento de las cadenas de abastecimiento y programas sociales adecuadamente focalizados.

También es necesario exigir una mayor articulación entre el Estado, los productores, los comerciantes y las organizaciones ciudadanas. La respuesta no puede limitarse a recomendar que las familias compren menos o busquen productos sustitutos. Se requiere información transparente, vigilancia de posibles prácticas anticompetitivas y políticas que reduzcan la vulnerabilidad frente a las variaciones de precios.

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Arequipa es una región de importante actividad minera, comercial, agrícola y de servicios. Esa capacidad económica debería traducirse en mayores oportunidades para enfrentar situaciones adversas. Sin embargo, el crecimiento de determinados sectores no garantiza, por sí solo, que todas las familias dispongan de ingresos suficientes para cubrir sus necesidades.

Por ello, el debate sobre la inflación debe ir más allá de los indicadores macroeconómicos. Debemos preguntarnos cuánto cuesta vivir dignamente en Arequipa, cómo evolucionan los ingresos reales de los trabajadores y qué sectores sociales están soportando las mayores dificultades.

La inflación se expresa en porcentajes, pero sus consecuencias se cuentan en decisiones familiares: comprar menos carne, reducir las frutas, aplazar una consulta médica o sacrificar algún gasto educativo para completar el presupuesto de la semana.

Una sociedad no puede acostumbrarse a que estas renuncias se conviertan en parte de la normalidad.

La estabilidad de precios es indispensable, pero también lo son los salarios dignos, el empleo de calidad, la seguridad alimentaria y una gestión pública capaz de anticiparse a las crisis. El verdadero desafío no consiste únicamente en conseguir que la inflación disminuya, sino en garantizar que la población recupere y fortalezca su capacidad de vivir con dignidad.

Porque detrás del 5,09 % registrado en Arequipa no hay solamente una estadística. Hay familias que hacen cuentas, trabajadores que multiplican esfuerzos y ciudadanos que esperan respuestas. Y cuando el dinero alcanza cada vez para menos, lo que está en juego no es solo la economía: también es la calidad de vida y la justicia social.

CITA

“La inflación no es solamente una cifra que aparece en los informes económicos”.

DATO

Arequipa registró una inflación anual de 5,09 % en octubre de 2026, por encima del promedio nacional de 4,83 %.

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