El pérfido senador por Arequipa, Nilson Flores, por fin a dado la cara involuntariamente en nuestra ciudad luego de haber votado junto a Jorge Gavidia a favor de las dichosas facultades. Digo involuntariamente ya que se desarrollaba una sesión del Ministerio de Producción en el paraninfo de la UNSA en la que el atribulado senador participó.
Vamos por partes. Para Flores, su voto que terminó de quebrar semanas de lucha en contra del poder casi omnipotente del Ejecutivo, no generó ni críticas, ni malestar ni rechazo entre los peruanos. Sino al contrario, dice que la gente le agradece, vayan a saber ustedes quiénes le agradecerán ni por qué razones.
Le pregunté, con una cuota de eufemismos, si sabía o se reconocía como un traidor y me respondió que solo yo lo veía así y que el descontento social por las facultades eran una ficción que solo yo podía ver.
A parte de traidor, cínico. En Flores estos dos componentes se alimentan entre sí, y uno permite a lo otro. Dicen que nada se hace con tanto ímpetu como aquello que se hace para incordiar. Fiel a ello, insistí.
El senador Nilson Flores está seguro de que sus convicciones personales están por encima de los estatutos de su propio partido del Buen Gobierno. Si es así, ¿qué hace en ese partido? Debería renunciar. ¿Por qué no renuncia senador?
El mismo presidente Jorge Nieto zanjó la posibilidad de que su bancada votaría a favor, pero, he ahí a dos disidentes. Si Flores no es capaz ni si quiera de respetar las decisiones de su propio partido, ¿quién le va a creer que respeta al pueblo peruano?
Sin mayor rodeo y sin ambages le inquirí si era oficialista o del Buen Gobierno. “Soy del Buen Gobierno, señor, del Buen Gobierno”. El desleal senador dice que su razonamiento es impecable y que se someterá a un proceso sancionador o disciplinario de imponerle tal su partido. Lo que debería decir, sin rubores, es que desde que postuló al Congreso, en el 2016, con el fujimorismo, ese antecedente se le ha impregnado para siempre y de manera indeleble. En su interior abriga la filiación imperecedera al partido cuyo máximo líder fue un criminal de delitos de lesa humanidad. Eso debería decir, así tal vez lo respetarían un poco.
Aquí hay gente que tiene memoria, que sabe separar la paja del trigo, por más que esa paja esté embadurnada con productos de la minería artesanal. Uno sabe cuándo ha obrado mal. La vergüenza o el peso de lo incorrecto fue tal que su compañero de rebeldías, Jorge Gavidia, tuvo que renunciar, se fue por la puerta trasera de su partido porque sabía que había desacatado un acuerdo.
Gavidia tuvo un poco de pudor y se fue, pero ahí tienen a Flores, aferrándose a un partido que no sabe o no quiere respetar, creyéndose más que Jorge Nieto. A ver si los amigos del Buen Gobierno nos hacen un favor y lo expectoran de una vez por todas.
Sin mayor rodeo y sin ambages le inquirí si era oficialista o del Buen Gobierno. “Soy del Buen Gobierno, señor, del Buen Gobierno”.
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