
Por: Jorge Luis Quispe
Quedamos a una semana de las elecciones, esta es la recta final. Al próximo domingo ya tendremos alcaldes y a dos candidatos al Gobierno Regional de Arequipa que podrían pasar a una virtual segunda vuelta, si es que alguno de ellos logra la hazaña de hacerse con más del 30 % de los votos. Aún ahora, en todas las encuestas, la gran mayoría de votantes no sabe o no conoce quién es cada cual. El elector arequipeño reconoce medianamente bien el símbolo, pero se le dificulta relacionarlo a algún candidato. Estando el porcentaje de indecisos tan elevado, los ignorados pretendientes de la contienda política deberían replantearse si los ataques directos, los mensajes con el pie levantado, los señalamientos entre unos y otros, tienen algún propósito real y tangible. Los que encabezan las listas son los de mayor trayectoria y reconocimiento social, no se diga merecimientos, pero sí se han ubicado en la memoria de la ciudadanía, por virtud o por defecto, solo eso explica que gente como Zegarra y Llica aparezcan en las encuestas, esos dos ejemplares son la prueba irrefutable de que, si no nos involucramos en la política, el riesgo de que un delincuente llegue al poder podría no estar muy lejos de la realidad.
Ya lo dije una vez en este mismo espacio, me disculpará el lector esta reiteración que me parece, hoy más que nunca, necesaria y oportuna. Arequipa no puede caer en las garras de Alfredo Zegarra, sentenciado por colusión agravada, que no es otra cosa que corrupción comprobada en la elaboración del Plan de Desarrollo Metropolitano. No es casual que previamente el sentenciado haya cambiado la zonificación del distrito de José Luis Bustamante y Rivero con un único propósito: depredar la campiña arequipeña. No sigo por que este espacio es corto, ¿de verdad van a votar por una persona así? A la menor diferencia con su compañero Manuel Vera, se fue a abrazar y a bailar con Deyanira Salazar, otra candidata a la municipalidad provincial. Traición, perfidia, acuchillamiento. Eso es “la casita”. Llica es otro que no tiene por dónde salvarlo. ¿Arequipa va a votar por un exreo, un exrecluso, un exconvicto, con una vocación irrefrenable e incontenible por el alcohol? Llica se reclama hijo del pueblo, ¿dónde estaba durante la crisis por la pandemia del COVID 19? De seguro empinando el codo. Si vuelven a votar por él, tenemos bien merecidas las desgracias venideras.
Felizmente, muy por encima de esa inmundicia, está el pollo Benigno Cornejo, líder del movimiento regional Arequipa Avancemos. El distrito más grande del sur del Perú, Cerro Colorado le dio la confianza de guiar su destino no una, sino tres veces. Gratuito no fue. Arequipa Avancemos es uno de los pocos – acaso el único – movimiento que mantiene una estructura, un ideario, una visión, en fin, una vida política en todas sus letras. Seguramente habrá algunos a los que sus candidatos no terminan de convencer. Yo aquí me limito a hablar de Benigno. Quienes lo conocemos podemos decir con orgullo que, a diferencia de sus atacantes, Benigno tiene cómo y con qué solventar su campaña regional, tiene los recursos, tiene bases, tiene el apoyo, hay una cantera juvenil que se reconoce en su mensaje y se identifica con sus propuestas, es decir, el popular Pollo Benigno es un político de antaño y del presente. Benigno es también un empresario exitoso, un preocupado agricultor y ganadero y un inocente e incauto padre y abuelo de familia. Tan inocente será que quienes le dicen “pisado” creen que lo están insultando. Muchos sucumben a la embriagadora e ilusoria sensación de poder, pero ¿cómo podría corromperse una persona que ya lo tiene todo?
No puedo dejar de mencionar a mi querido distrito de Cayma. El principal adversario de Jaime Chávez es el casquito Moisés Chuctaya, un ingeniero que vive en la casa de su mamá, pide permiso sin goce de haber en su trabajo con siete meses de anticipación a las elecciones y que no conoce otro lugar de trabajo que no sea la municipalidad de Alto Selva Alegre. Percibiendo un salario modestísimo se las ha ingeniado para inundar las avenidas principales con su imagen, su casco y su cara. ¿De dónde lo consigue? ¿Cuál es el truco? Esa turbiedad lo persigue o quizá él mismo la busca, no ahora, sino desde la campaña pasada y antes de esa, cuando quiso ser congresista. Conozco a Chávez, conozco a su familia, conozco a la gente que lo apoya. En una ocasión vi que un grupo de niños gritaban ¡Jaime Chávez! ¡Jaime Chávez! Mientras veían pasar su carro de campaña en La Tomilla. Si los niños de Cayma podrían votar, ganaría por una abrumadora mayoría. Ese espontáneo reconocimiento es resultado de un trabajo persistente y silencioso, porque esa es una de sus principales virtudes, el perfil bajo. Todavía recuerdo cuando en plena pandemia, Jaime traía de sus chacras sacos de arroz, papas y productos de pan llevar para las ollas comunes, sin cámaras, sin fotos, sin ninguna publicación. Evidentemente está mal que él mismo lo diga, y quizás esté mal que yo lo traiga a colación aquí, pero alguien lo tiene que decir. Los niños que crecieron viendo eso, hoy lo reconocen.
Lo que este columnista admira más de la gente que rodea a Benigno y a Jaime es la lealtad. Son gente que tiene postura, firmeza, línea. Porque si no eres leal ¿entonces quién diablos eres?
Cita
Felizmente, muy por encima de esa inmundicia, está el pollo Benigno Cornejo, líder del movimiento regional Arequipa Avancemos.






