
Por: Jorge Luis Quispe
Ya todo Arequipa ha visto con horror, espanto, desasosiego, irritación, cólera e indignación cómo un grupo de delincuentes mimetizados como policías municipales le despojaban de su carrito de café a un joven. Frente a la natural resistencia de la víctima lo arrastran y destrozan su herramienta de trabajo: el carrito.
El abuso fue tal que un taxista valiente y, al parecer, bastante más atlético defendió al joven y logró hacer huir a los policías municipales. No pasaron ni dos días y vimos que en el mismo lugar otro de estos agresores le propinaba una patada a un comerciante que se volcó por sobre una maceta, una mala caída lo habría podido hasta matar.
Vayamos un poco más al fondo. Si un joven decide emprender y se expone a malos trabajos para poder juntar algo de capital, le pone empeño, sacrificio, tiempo e incluso creatividad, sale a las calles y logra popularidad y atrae un conjunto de clientes, reitero, si un joven hace todo eso para terminar golpeado y humillado por una recua de idiotas, entonces, como sociedad, Arequipa está haciendo algo muy mal.
Cuando un joven comprueba y sufre en carne propia que el camino del trabajo y el sacrificio conduce al maltrato, es más fácil que este joven emplee todo su talento e ingenio para el mal. Después, con qué cuajo pueden quejarse las autoridades en conjunto del incremento de la delincuencia, robos y asaltos. Si a todas luces, bajo este desalentador escenario, es más redituable arranchar celulares que emprender por el camino de la ley, entonces la convivencia social resulta una quimera y la fragilidad de la convivencia social en lugar de ser fortalecida por las autoridades, está siendo cada vez más devaluada por quienes deberían defenderla.
El involuntario alcalde Rolando Bedregal ha pedido disculpas a la ciudad y se ha comprometido a expulsar del municipio a los delincuentes y criminales que tiene fungiendo de policías municipales. Habrá que recordarle que ya una vez estos desadaptados atacaron a correazos a un joven que defendía a un vendedor de naranjas en la calle Peral y le terminaron rompiendo la cabeza. Su cabecilla o jefe, ya no se sabe, Carlo Veliz, sub gerente de Servicios al Ciudadano y quien defiende a los delincuentes maltratadores de emprendedores, no sabía dónde meter la cabeza el último viernes en El Filtro. Un grupo de colegas y yo nos apertrechamos en la alcaldía esperándolo y no salía.
Si esta gestión dice trabajar por Arequipa lo primero que debería hacer es deshacerse de esos policías municipales que se comportan como delincuentes.
Cita
El abuso fue tal que un taxista valiente y, al parecer, bastante más atlético defendió al joven y logró hacer huir a los policías municipales.








