La literatura universal comienza con La Odisea (y con su antecesora), y como tal, condensa como ninguna otra epopeya las principales virtudes y defectos del hombre. La adaptación cinematográfica del director británico-estadounidense Christopher Nolan expone y ratifica como medida moral la ley de Zeus, esto es, el conocimiento de la entraña del hombre en la forma de cómo trata a alguien que viene de afuera: la hospitalidad, la otredad.
No sería del todo justo decir que Nolan ha reinventado la leyenda homérica, pero sí estamos frente a una película largamente ambiciosa, audaz, intrépida y por eso mismo, original en su estilo. Se trata de una adaptación, por tanto, es subjetiva; Nolan ha empleado – una vez más – lo subjetivo como método y no como residuo. De manera que quien espere un fiel retrato del poema de Homero debe reservarse la oportunidad de verla.
La ninfa Calipso (temerosa de la advertencia de Zeus) es quien permite a Odiseo recuperar su memoria por retazos, como si estuviera armando un rompecabezas. Tiene luces, chispazos de memoria que él mismo le narra a ella, poco a poco. Así nos enteramos que luego de la guerra de Troya, fue Odiseo el que quiso separarse de los otros barcos hasta que una tormenta los aparta definitivamente de la inmensa tripulación que sale de la ciudad destruida.
Ignorando la primera advertencia que les hicieron en una isla en la que encallaron, pronto se encuentran atrapados en la gigantesca cueva de Polifemo, el monstruoso gigante hijo de Poseidón. La escena en que devora a dos guerreros sigue siendo de las más perturbadoras que se han visto. Pero lo es más el minuto que se pasa gritando de dolor cuando le clavan una estaca en su único ojo para escapar. Y solo es el inicio.
Los tripulantes de la embarcación son presas del miedo y la angustia, pues antes de partir escucharon al gigante pronunciar las palabras “venganza” y “Poseidón”. Ahora saben que volver a casa es imposible con el dios de los mares y los vientos en contra de ellos. Pronto llegan a otra isla empujados por el hambre y la sed. Sin embargo, un niño grita y de entre los árboles salen colosos de hierro, que diezman y acaban con los hombres de Odiseo. El rey de Ítaca logra escapar y desde el mar sufre escuchando los gritos y la desesperación de sus hombres asesinados.
Atenea (Zendaya) lo mira con decepción y tristeza. Solo él la puede ver, y en sus proyecciones Odiseo se atormenta pues advierte que su audacia e inteligencia no le alcanzan para salvar a sus hombres. Una tripulación reducida y espantada por el miedo y la venganza de los dioses no puede durar mucho, pero el instinto primitivo por sobrevivir y el hambre los obliga a advertir a Odiseo que no intervenga en la isla en la que ahora se encuentran.
Esta es, para mí, la más reveladora, inquietante y turbadora de las escenas. Circe los recibe con prevención, pero su excesiva amabilidad no despierta sospechas en sus acongojados visitantes. Apenas prueban bocado, la hechicera inicia una danza y un canto donde ella misma convierte a sus huéspedes en cerdos. La demora preocupa a Odiseo, que la enfrenta. El diálogo sobre la animalidad de los hombres es revelador, pero lo es más lo que le dice el adivino Tiresias al rey: “Quieres salvar a tus hombres, pero no puedes salvarlos de ellos mismos”.
Tiresias le advierte a Odiseo que es su propia determinación de salvar la vida de sus hombres la que acaba por matarlos a todos. Una profecía de esa naturaleza solo puede ser una trampa. Esa amargura es la que conmueve al espectador. Nada más sobrevivir a las sirenas, más guerreros mueren a causa de Escila y Caribdis. El director nos regala un detalle invaluable: no vemos a las sirenas ni las escuchamos, dejando a nuestra imaginación su hermoso y terrible canto.
Desembarcan en otra isla. Odiseo dice a sus pocos hombres que si comen el ganado del dios Sol todos morirán. La resistencia dura menos que el hambre. En la última tormenta todos perecen y Odiseo se queda solo, solo en la isla de Calipso. La película llega al presente. En tanto, Telémaco enfrenta, sortea y tolera los abusos de los pretendientes de su madre.
En La Odisea se halla el origen de todas las historias: la justicia, la templanza, la fortaleza, la lealtad, el amor, pero también la ambición, la traición, la codicia, la ira, la venganza. Todo está representado en las hazañas de Odiseo. ¿Es acaso la naturaleza del hombre su propia perdición?
“Aquello que más quieres es lo que menos puedes tener, y lo que menos puedes tener es aquello que fue tuyo, pero perdiste”. Cada cual puede interpretar esta frase como pueda; a algunos les hace llorar, lo he visto.
De La Odisea de Nolan hay mucho por comentar, pero mejor es ir a verla. A mí me ha sobrecogido porque me habla de la paternidad, de la familia, de aquello que uno desea proteger con todas sus fuerzas y de la odisea que estamos dispuestos a atravesar por el bien de los nuestros.
Desembarcan en otra isla. Odiseo dice a sus pocos hombres que si comen el ganado del dios Sol todos morirán. La resistencia dura menos que el hambre.
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