La crisis política en Perú ha generado una sucesión constante de presidentes y debilitado la institucionalidad.
Cuesta creer que Ollanta Humala fue el último presidente del Perú que logró cumplir su mandato. A partir de allí, presidentes como cancha desfilaron por la casa de Pizarro, y esta vergonzosa realidad obedece, entre otros factores, a la inestabilidad política que sobresale y destaca en nuestro país y la región. Por ello, el problema principal del Perú es institucional.
La Constitución fujimorista de 1993 establecía mecanismos como la vacancia presidencial por incapacidad moral y la disolución del Congreso, con el ánimo de equilibrar ambos poderes; sin embargo, el ejercicio constante de estos mecanismos ha dado lugar a un ciclo de destituciones y gobiernos transitorios que, seguramente, se repetirá luego de las elecciones de abril de 2026. Cabe aclarar que el Senado será la única cámara inmune a cualquier proceso de disolución, gracias a las reformas constitucionales introducidas por el Congreso del hampa.
La falta de gobernabilidad y la crisis institucional han generado un escenario de desconfianza en casi todas las instituciones. La debilidad partidaria y su notoria fragmentación hacen que el votante no tenga una preferencia sólida; y si el nuevo presidente llega sin diputados y senadores que lo acompañen, las posibilidades de vacancia temprana aumentan y, con ello, los presidentes como cancha.
Seguramente, el cuco de la vacancia por incapacidad moral y la censura ministerial se convertirán en amenazas constantes, y la crisis política se agravará. Como consecuencia de ello, la ciudadanía experimentará con mayor rigor un agotamiento y fatiga frente a la politiquería nacional, al sentir que el Estado y los presidentes como cancha no resuelven siquiera sus problemas básicos.
Otro hecho notorio es la judicialización de la política. El Congreso del hampa empuja a sus contrarios hacia procesos o amenazas legales; no se conforma con el quiebre de gabinetes, no les importa que las reformas queden truncas ni que los proyectos se paralicen por falta de decisión y gestión pública. Y los presidentes como cancha buscan sobrevivir con gabinetes que actúan más a la defensiva que otra cosa. La realidad nos dice que, después de Ollanta Humala, los presidentes como cancha han llegado aislados al Ejecutivo y que con el Congreso no se puede coordinar, pues son ellos quienes gobiernan.
La crisis política en el Perú responde a un problema estructural que amenaza el crecimiento económico y la estabilidad social. Romper este círculo requiere de una categórica respuesta social que procure renovar los cuadros políticos mediante el voto popular y, a partir de allí, exigir y procurar un pacto nacional que garantice consensos mínimos, que modernice las instituciones y promueva un modelo de desarrollo sostenible, dejando de lado la maldición de los presidentes como cancha. Usted decide.
CITA
«La falta de gobernabilidad y la crisis institucional han generado un escenario de desconfianza en casi todas las instituciones».
CIFRA
8 presidentes han pasado desde el fin del gobierno de Ollanta Humala.
DATO
Ollanta Humala fue el último mandatario en completar su periodo presidencial.
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