Tras una de las elecciones más ajustadas de las últimas décadas, surge el debate sobre el papel de la ciudadanía y del periodismo en la defensa de las instituciones democráticas. Evidencia.pe plantea la necesidad de respetar los resultados electorales, pero también de mantener una vigilancia permanente sobre el ejercicio del poder, la libertad de prensa y la protección de los derechos fundamentales.
Una parte importante de la vida democrática es aceptar los resultados de cualquier elección, sean favorables o adversos. Es parte del juego celebrar la victoria y aceptar la derrota en igual medida. Por tanto, viendo la tendencia del conteo final de votos, ya se puede señalar una victoria para Keiko Fujimori, después de tres elecciones fallidas (2011, 2016 y 2021).
Pero aceptar la derrota no significa bajar los brazos y no hacer nada. Luego de reflexionar sobre el resultado, renegarlo y finalmente aceptarlo, toca empezar un plan de acción para defender los últimos vestigios de democracia que le quedan al país.
Es claro que un gobierno de Keiko Fujimori, hija de un dictador condenado por corrupción y violaciones a los derechos humanos, y heredera política de ese legado, no genera optimismo entre sus detractores. Su agenda política, percibida por sus opositores como de extrema derecha, podría traducirse en medidas como privatizaciones, una mayor apertura a la inversión privada, prácticas clientelares, vulneraciones de derechos laborales y, según sus críticos, eventuales retrocesos en materia de derechos humanos.
Sin embargo, debo señalar que el trabajo del periodismo consiste en mantenerse firme, vigilante e independiente, con el fin de registrar y denunciar todo aquello que afecte negativamente al país y a sus ciudadanos.
De ahora en adelante podría iniciarse un camino difícil para la libertad de prensa. Y perder esa libertad sería la última señal de un país tomado en su totalidad por el fujimorismo, como ocurrió en la década de 1990, cuando eran pocos los periodistas que se oponían al gobierno de Alberto Fujimori mientras los poderes e instituciones del Estado eran controlados por distintos mecanismos de presión, influencia o corrupción. Entre ellos estuvieron también algunos grandes medios de comunicación y periodistas al servicio del régimen, tanto en Lima como en las regiones.
Cuando un periodista sea hostigado, despedido, perseguido, denunciado falsamente, desaparecido o asesinado, será el momento en que este país vuelva a tocar fondo. Será entonces cuando la ciudadanía comprenda que un eventual deterioro democrático ya no tiene marcha atrás.
Ojalá que nada de esto ocurra.
No queremos un país fragmentado, con miedo, pobre y sin líderes. Queremos un país donde la libertad de expresarnos sea la última esperanza para preservar y recuperar la democracia. Queremos un país que proteja lo suyo y a los suyos, y no los intereses de terceros, especialmente cuando esos terceros ni siquiera son peruanos.
Desde esta humilde redacción haremos nuestra parte, como estamos seguros de que muchos periodistas también lo harán. Porque la misión del periodismo no es agradar al gobierno de turno, sino actuar como un «cuarto poder»: el poder de la ciudadanía.
CITA
«La misión del periodismo no es agradar al poder, sino fiscalizarlo en beneficio ciudadano.»
DATO
Keiko Fujimori alcanzaría la presidencia tras tres intentos fallidos registrados en 2011, 2016 y 2021.









