octubre 17, 2026
Promotoras de Montesclaros en feria artesanal

Las hermanas Aranzamendi Cáceres decidieron transformar su herencia familiar en una marca.

En el corazón del cañón de Cotahuasi, en Arequipa, Nieves y Candy Luz Aranzamendi Cáceres transforman un legado de tres generaciones en Vinos y Piscos Montesclaros. Desde el Fundo Challaccay, desafían la distancia para llevar los frutos de su tierra a nuevos mercados.

Diez horas de viaje a lomo de mula, un fundo escondido entre las montañas del cañón de Cotahuasi y un sueño familiar que ha sobrevivido durante tres generaciones es en resumen la historia de Nieves y Candy Luz Aranzamendi Cáceres, dos hermanas que decidieron darle un nuevo rumbo al negocio de sus antepasados y apostar por la producción de vinos y piscos bajo la marca Montesclaros. Su emprendimiento nace en el Fundo Challaccay, ubicado en el anexo de Chaucalla, distrito de Toro, provincia de La Unión, donde la tradición vitivinícola se convierte en una oportunidad para crecer sin olvidar sus raíces.

Tres generaciones

En lo más profundo del cañón de Cotahuasi, donde los imponentes cerros rodean pequeños valles agrícolas, se encuentra el Fundo Challaccay, un lugar que para la familia Aranzamendi Cáceres representa mucho más que tierras de cultivo.

Durante tres generaciones, la actividad vinculada a la producción de uvas, vinos y piscos ha formado parte de su historia. Hoy, Nieves y Candy Luz han decidido recoger esa herencia y transformarla en una iniciativa empresarial con identidad propia. Su objetivo es dar continuidad al esfuerzo familiar, pero también abrir nuevas oportunidades para que los productos de este apartado valle puedan llegar a más consumidores.

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Mantener vivo un sueño

Una de las particularidades de esta historia es el difícil acceso al fundo. Llegar a sus tierras implica una travesía de aproximadamente diez horas a lomo de mula, un recorrido que refleja las enormes dificultades de conectividad que enfrentan los productores de las zonas más alejadas de Arequipa.

Sin embargo, la distancia no ha sido motivo para abandonar el proyecto. Por el contrario, las hermanas encontraron en su historia familiar una razón para seguir trabajando y buscar nuevas formas de dar valor a la producción de sus viñedos. En este entorno natural, los parrales y racimos de uva forman parte de un paisaje singular, donde la agricultura convive con las montañas y la geografía del cañón.

Monteclaros: del fundo a la marca

Ese esfuerzo ha tomado forma bajo el nombre de Vinos y Piscos Montesclaros, una marca que busca representar el origen y la tradición de su producción.

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En un video de presentación difundido por Evidencia.pe, las hermanas aparecen junto a una exhibición de sus productos. Las botellas de vino y pisco, con diferentes presentaciones y etiquetas, son parte de la propuesta que hoy buscan dar a conocer al público.

La iniciativa representa una nueva etapa para el negocio familiar: pasar de una tradición desarrollada en un valle apartado a una marca capaz de mostrar sus productos más allá de su lugar de origen. Para ambas emprendedoras, el desafío no termina con la producción. También implica dar a conocer Montesclaros, conectar con posibles consumidores y conseguir que el nombre de su tierra sea reconocido a través de sus vinos y piscos.

Dos mujeres que apuestan por sus raices

La historia de Nieves y Candy Luz refleja el esfuerzo de las mujeres que encuentran en el legado de sus familias una oportunidad para emprender. Su experiencia también permite visibilizar el potencial productivo de la provincia de La Unión, una zona conocida por sus impresionantes paisajes, pero cuyas actividades agrícolas y emprendimientos familiares todavía enfrentan importantes desafíos.

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Con Montesclaros, las hermanas no solo buscan impulsar un negocio. También aspiran a mantener vigente una tradición que une el trabajo de sus antepasados con las oportunidades de las nuevas generaciones. Detrás de cada botella de Montesclaros existe una historia que comenzó mucho antes que la marca: la de una familia que encontró en la tierra, las uvas y el cañón de Cotahuasi una forma de construir su futuro.

Hoy, Nieves y Candy Luz Aranzamendi Cáceres demuestran que los grandes sueños también nacen en los lugares más alejados, donde llegar puede tomar diez horas a lomo de mula, pero donde las raíces familiares tienen la fuerza suficiente para mantener viva una tradición durante generaciones.

Porque Montesclaros no representa solamente vinos y piscos: representa tres generaciones de esfuerzo, dos hermanas decididas a emprender y una historia que merece ser conocida.

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