octubre 24, 2026
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Su ministro de Defensa Rafael Belaúnde no pudo disimular más la incompetencia y mediocridad que componen la hechura del régimen y ha mandado a la población del norte a rezar para que no llueva.

Por: Jorge Luis Quispe

El excanciller y defensor de la democracia en el Perú Diego García – Sayán apuntaba en su libro testimonial «Cambiando el futuro», que lo peor que podía pasarle a nuestro país en el 2000 era una segunda reelección de Fujimori cuya dictadura empezaba a desplomarse.

Veintiséis años después esa profecía se ha materializado y el temor del tribuno se ha hecho realidad, la peor pesadilla que podía cernirse sobre los peruanos es real y hace lives de TikTok, pide likes, posa emulando a las bandas criminales con militares con rostros cubiertos.

Su nombre es Keiko Fujimori y es la heredera de una mafia criminal. Su ministro de Defensa Rafael Belaúnde no pudo disimular más la incompetencia y mediocridad que componen la hechura del régimen y ha mandado a la población del norte a rezar para que no llueva.

En un ataque de súbita confesión ha dicho que las chacras y los pueblos se van a inundar y que no puede evitar que llueva. Lo que termina de enterarse el señor Belaúnde es que no le ha dicho eso «solamente» a la población del norte. Se lo ha dicho a todo el Perú.

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«Que deje de llover, hay que pedírselo al Señor de los Milagros nomás», es lo mismo que pedir un milagro para que las lluvias no generen desastres con muertos y heridos aquí en Arequipa también, es decirnos que, si la sequía encarece los productos y deja sin trabajo a miles, pues la fe divina podría evitarlo.

Su colega, el improvisado Luis Dyer se ha quejado de que los ministros no duermen o que solo duermen cinco horas porque se la pasan viajando, gestionando (nadie sabe bien qué gestionan) y dando entrevistas.

Dyer ha responsabilizado también a la propia población de las consecuencias que generen los desastres venideros. «Asuman su responsabilidad», ha dicho revelando así su desesperación, pero también su propio fracaso.

Es decir, que las familias que perdieron sus casas cuando se desbordó la torrentera Chullo, pues si no se han ido a otro lado a vivir, es su culpa si la lluvia los vuelve a inundar. Sus declaraciones bien vistas son un grito de renuncia que Keiko no sabe o no quiere escuchar.

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Con todo, hoy el troll devenido en ministro de Vivienda, Mauricio Arnillas, se tomará fotos en la torrentera Chullo donde tratará de echarle tierra a lo dicho por sus colegas y tratará de negar lo que confesaron.

Lo que inexorablemente es una muestra inequívoca de improvisación, incompetencia y mediocridad es la lluvia de bonos que ha anunciado el gobierno. En lo urgente de lo que ya no puede trabajar ha decidido optar por la opción más izquierdosa y socialista: subvencionar a los afectados por el Fenómeno del Niño.

Y como buen régimen autoritario, así como da la zanahoria, pega con el garrote. Resulta que las empresas son libres de despedir arbitrariamente a los trabajadores en la modalidad de suspensión perfecta al mismo tiempo que el propio ejecutivo lanza otro salvavidas a la industria con préstamos parecidos a Reactiva Perú. Ahí lo tienen, la doctrina autoritaria de la zanahoria y el garrote.

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Javier Cercas enfatizó, en una columna del 2022, que no se puede precisar con impoluta exactitud qué clase de tiempos actuales son los que caracteriza al hombre moderno. Solo se puede describir con mediano rigor cuando ya ha transcurrido como mínimo una década para analizar con prudencia los tiempos vividos.

Razón no le falta. Yo le diría a los historiadores del futuro que estos son tiempos de incertidumbre y mal gobierno, de representantes torpes a ignorantes, y lo peor, con poder. Llegado el momento de analizar el 2026 que vean que hay ministros que culpan a la población por los desastres naturales y que piden orar al cielo para evitar desgracias. Estamos en el 2026 y no en el siglo XVII.

Cita

«Que deje de llover, hay que pedírselo al Señor de los Milagros nomás», es lo mismo que pedir un milagro para que las lluvias no generen desastres con muertos y heridos.

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