septiembre 20, 2026
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La comunidad harakmbut de Arazaire enfrenta cambios en el río, erosión y pérdida de fuentes de agua asociadas a la transformación del territorio.

Un análisis satelital de Mongabay Latam en 84 microcuencas de la cuenca del Madre de Dios identificó casi 13 mil hectáreas de agua artificial surgidas solo entre 2000 y 2023, principalmente en zonas con actividad minera. En Arazaire, pueblo harakmbut, los comuneros dejaron de usar el río Inambari y ahora compran agua para consumo.

En los mapas, Madre de Dios hoy tiene más agua que hace dos décadas. En las comunidades indígenas, sin embargo, esa aparente abundancia significa poco: buena parte de los nuevos cuerpos de agua son pozas asociadas a la extracción de oro y no pueden ser utilizadas para beber ni pescar.

Ese contraste fue identificado en una investigación de Mongabay Latam, El Espectador y Correo del Caroní, con apoyo científico de MapBiomas e investigadores del Instituto Serrapilheira. El análisis incluyó 84 de las 155 microcuencas que conforman la cuenca del Madre de Dios y comparó imágenes satelitales entre 2000 y 2023.

Los resultados muestran que la superficie de agua artificial pasó de mil 224 hectáreas a 14 mil 418 hectáreas, es decir que en ese periodo casi se multiplicó por doce. El 99.7 % de esa nueva superficie se concentra en las 45 microcuencas donde existe actividad minera registrada. En las otras 39, sin minería registrada, solo se identificaron 38 hectáreas de agua artificial.

Arazaire, comunidad harakmbut, está ubicada a orillas del río Inambari, afectado por la actividad minera.

Arazaire: vivir junto a un río que ya no usan

La comunidad indígena de Arazaire, perteneciente al pueblo harakmbut, es uno de los casos más representativos. Está ubicada a orillas del río Inambari, pero sus habitantes cuentan que dejaron de utilizarlo debido al lodo y la contaminación asociados a la actividad minera.

Erick Aguirre Tijé, poblador de la comunidad, recuerda que antes en el río se podía pescar, trasladarse, bañarse y recoger agua. Hoy, para beber, las familias deben comprar agua.

La situación también alcanzó a las quebradas que servían como fuentes alternativas. Una de ellas, Buenqueme, era utilizada por los comuneros para abastecerse, pero ahora, según sus testimonios, también está afectada por el lodo de la minería. “Lo que sucede río arriba, se sufre abajo”, resume Ruth Tijé, comunera de Arazaire.

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El cambio también ha afectado físicamente al territorio. Un análisis de imágenes de Google Earth realizado para la investigación identificó una pérdida de 13.5 hectáreas de territorio de Arazaire entre 2012 y 2025, asociada a la erosión provocada por los cambios en el cauce del Inambari.

Las pozas formadas por la actividad minera aparecen como nuevos cuerpos de agua.

Más agua artificial, menos agua disponible

De las 84 microcuencas analizadas, 45 registraron un incremento de agua artificial. Solo tres zonas —ubicadas en tramos de los ríos Colorado, Malinowski e Inambari— concentran el 81 % de toda esa nueva superficie.

Además, 41 microcuencas se superponen con territorios indígenas correspondientes a 14 pueblos. El análisis encontró que casi toda el agua artificial nueva de la cuenca apareció en territorios indígenas.

La situación de Arazaire destaca por la magnitud de la actividad minera. El Estado otorgó 11 concesiones mineras tituladas y activas que se superponen con su territorio. Una plataforma de monitoreo satelital citada por la investigación calcula que, hasta mediados de 2026, la minería habría afectado unas 688 hectáreas dentro de la comunidad.

Según ese análisis, alrededor del 85 % de esa actividad se encontraría fuera de las áreas concesionadas, por lo que sería presuntamente ilegal.

El análisis satelital comparó imágenes de 84 microcuencas de la cuenca del Madre de Dios.

Comunidades tienen que comprar agua

La afectación no se limita a Arazaire. La Federación Nativa del Río Madre de Dios y Afluentes (Fenamad), que agrupa a 38 comunidades de siete pueblos indígenas, señaló que dos de cada tres de estas comunidades deben comprar agua para abastecerse.

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En Arazaire, los pobladores consultados por la investigación señalaron que un tanque de mil 100 litros cuesta alrededor de S/70 y debe ser adquirido semanalmente. También recurren a bidones de menor capacidad para el consumo diario.

La paradoja es visible desde el satélite: donde antes predominaban ríos y quebradas utilizados por las comunidades, ahora aparecen miles de hectáreas de agua artificial vinculadas a la actividad minera, pero que no pueden ser consumidas.

Joaquín Romualdo, geógrafo del Instituto del Bien Común y responsable del análisis hídrico de MapBiomas en Perú, explicó que las imágenes satelitales permiten identificar cambios en la superficie del agua, pero no determinar por sí solas su calidad. La contaminación por sedimentos o mercurio puede no ser visible en esos registros.

Los comuneros de Arazaire dejaron de usar el río Inambari para beber, pescar y bañarse.

Inambari, entre inundaciones y minería

El tramo del Inambari donde se encuentra Arazaire también registra una fuerte transformación del territorio. La investigación señala que el sector tiene más de 164 mil hectáreas y que el 81 % está concesionado para minería. En esa zona, la superficie de agua artificial aumentó en unas 2 mil 615 hectáreas entre 2000 y 2023.

Los comuneros también relacionan los cambios en el cauce con inundaciones ocurridas en los últimos años. En 2019 y 2020, recuerdan, una crecida llegó a superar los tres metros y destruyó piscigranjas y cultivos.

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Expertos consultados por la investigación explican que el sedimento proveniente de la actividad minera puede colmatar los cauces, reducir su profundidad y favorecer cambios en el curso de los ríos. A esto se suma la pérdida de cobertura boscosa, que incrementa la escorrentía y el arrastre de sedimentos.

El impacto trasciende los cuerpos de agua. Según datos de MapBiomas Perú citados en la investigación, entre 2000 y 2025 casi 97 mil hectáreas de bosque húmedo tropical de Madre de Dios se convirtieron en territorio minero.

En Arazaire, la pérdida de bosque también ha sido significativa. Datos de Global Nature Watch utilizados por la investigación estiman que entre 2001 y 2025 se perdieron 530 hectáreas de bosque en un sector del territorio comunal.

El caso de esta comunidad muestra así una transformación que no se refleja únicamente en hectáreas deforestadas. La minería modificó el cauce del río, generó nuevas pozas, aceleró la erosión y redujo las fuentes de agua que los comuneros utilizaban para su vida cotidiana.

En una región donde el agua parece multiplicarse en las imágenes satelitales, las comunidades indígenas enfrentan una realidad distinta: están rodeadas de agua, pero tienen que pagar para poder beberla.

Cifra

13 mil hectáreas de agua artificial aparecieron entre 2000 y 2023 en las 84 microcuencas analizadas de Madre de Dios.

Dato

El 99.7 % de esa superficie se concentra en las 45 microcuencas donde existe actividad minera registrada.

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