
Los qariwarmi mediaron entre opuestos en la cosmovisión andina.
En el corazón del mundo andino existió una figura que desbordaba las fronteras de género y cumplía una misión sagrada: los qariwarmi. Vestidos y reconocidos como personas de “dos naturalezas”, actuaban como mediadores rituales y servían a Chuquichinchay, deidad vinculada a los jaguares. Su historia también revela cómo la conquista intentó borrar su legado de diversidad sexual.
Su rastro aparece en crónicas coloniales que describen una práctica extendida por el Tahuantinsuyu. Desde la niñez, algunos eran destinados a templos y casas de adoración. Allí asumían tareas sacerdotales, participaban en ceremonias y ocupaban un lugar singular dentro de la vida religiosa andina. Los registros sitúan su presencia tanto en regiones costeras como en el altiplano del Titicaca.
Qariwarmi

Su importancia no se entendía como una excepción aislada. La sociedad inca se organizaba bajo el yanantin, una idea de dualidad complementaria. En ese marco, qariwarmi unía qari, hombre, y warmi, mujer. Y su presencia abría un tercer espacio capaz de conectar lo masculino y lo femenino, pero también el pasado con el presente y la vida con la muerte.
El cuerpo también comunicaba. La indumentaria que rompía las expectativas de género actuales hacía visible esa condición liminal. Los rituales podían incorporar elementos eróticos y funcionaban como una forma de transmitir saberes mediante la acción, la ceremonia y la corporalidad, en contraste con la lógica escrita que llegaría con la colonización.
En ese universo religioso, Chuquichinchay ocupaba un lugar clave. La deidad era considerada protectora de los indígenas de “dos géneros” y estaba asociada con los otorongos, los jaguares. Los qariwarmi actuaban como sus servidores rituales. La propia figura de la deidad reforzaba la idea de una fuerza capaz de transitar entre categorías que, desde una mirada occidental, podían parecer incompatibles.
Su papel adquirió especial relevancia en momentos de cambio. Según cronistas de la época, a finales del siglo XV, durante una crisis en la sucesión de los gobernantes incas, Chuquichinchay fue convocado en el Cusco como una figura mediadora. Este episodio muestra que estas concepciones no estaban desligadas de los grandes procesos políticos y culturales del Tahuantinsuyu.
Extirpación española

Pero ese mundo comenzó a quebrarse con la llegada española. La conquista no solo alteró el poder político: también golpeó las prácticas religiosas y las formas indígenas de entender el cuerpo y el género. Durante las campañas de extirpación de idolatrías, los qariwarmi quedaron entre las expresiones perseguidas. Los cronistas coloniales calificaron sus prácticas desde una moral religiosa ajena a la cosmovisión andina.
La persecución tuvo una consecuencia más profunda. El modelo de género basado en la complementariedad del yanantin fue desplazado progresivamente por una concepción heteronormativa y eurocéntrica. No se trataba únicamente de prohibir ceremonias. También estaba en juego quién podía definir qué cuerpos, identidades y prácticas eran aceptables dentro del nuevo orden colonial.
Recuperando nuestra identidad
La memoria, sin embargo, no desapareció por completo. En el siglo XXI, investigadores y activistas LGBTIQ+ de los países andinos comenzaron a recuperar la figura del qariwarmi como parte de una discusión sobre identidad, diversidad y descolonización. El objetivo no es trasladar mecánicamente las categorías actuales al pasado, sino encontrar en la historia andina elementos que permitan discutir la diversidad desde su propio contexto cultural.
Ese rescate también llegó al Perú contemporáneo. En 2020 nació la Red Peruana de Investigadores LGTBIQ+, que eligió “Qariwarmi” como nombre de su colectivo. La decisión convirtió una palabra asociada a una antigua tradición andina en una bandera para pensar la diversidad sexual desde una perspectiva históricamente situada.
La historia de los qariwarmi, así, vuelve al presente con una pregunta incómoda: ¿cuántas formas de vivir el género quedaron fuera de la memoria oficial? Su legado no ofrece una respuesta simple ni permite encajar el pasado en categorías contemporáneas sin matices. Pero sí abre una ventana hacia una sociedad que reconoció espacios más allá del binarismo y que, pese a siglos de persecución, vuelve a ser recordada.
DATO
En 2020, la Red Peruana de Investigadores LGTBIQ+ adoptó el nombre Qariwarmi para su colectivo.
DATO
Las crónicas registran la presencia de qariwarmi desde regiones costeras hasta el altiplano del Titicaca.







