septiembre 12, 2026
Ichu cusco

Buscan pasar de los incendios a generar una actividad económica.

Comunidades de Curahuasi, Chinchaypujio y Coporaque aprovechan residuos agrícolas e ichu seco para producir alimentos, entre ellos hongos comestibles, como alternativa a la quema. La iniciativa busca reducir material combustible en zonas rurales.

Durante años, quemar los restos de las cosechas y el ichu seco ha formado parte de las prácticas utilizadas en comunidades andinas para limpiar los terrenos y renovar los pastos. El problema es que una quema que escapa de control puede convertirse rápidamente en un incendio forestal.

Frente a ese riesgo, comunidades de Cusco y Apurímac están probando otra salida; en lugar de quemar el material seco, aprovecharlo. En Curahuasi, en Apurímac, y en los distritos cusqueños de Chinchaypujio y Coporaque, se impulsa experiencias para transformar los residuos agrícolas y el ichu seco en insumos productivos. Una de las alternativas consiste en utilizar el ichu como sustrato para cultivar hongos comestibles.

La propuesta busca resolver dos problemas al mismo tiempo. Por un lado, retirar del entorno parte del material vegetal que puede alimentar un incendio durante la temporada seca. Por otro, convertir ese residuo en un recurso que pueda terminar en la alimentación de las familias o generar una actividad económica.

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De material combustible a un recurso

La lógica detrás de estas experiencias es sencilla: mientras los residuos permanezcan acumulados en el campo, representan material combustible; si son aprovechados, pueden adquirir un nuevo uso, esa es la idea que promueve el Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (SERFOR) como parte de las acciones de prevención de incendios forestales en la zona andina.

Entre las prácticas impulsadas se encuentra el aprovechamiento de los residuos agrícolas y el uso del ichu seco para la producción de hongos comestibles. La intención es que las comunidades cuenten con opciones distintas a la quema para manejar los restos de sus actividades agrícolas y ganaderas.

Erasmo Otárola Acevedo, director ejecutivo del SERFOR, sostuvo que estas experiencias muestran que la prevención de incendios puede vincularse con la producción y la seguridad alimentaria de las comunidades.

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Alternativa frente a incendios

La importancia de estas prácticas aumenta durante los meses en que la vegetación se encuentra más seca. En esas condiciones, el fuego puede propagarse con mayor facilidad y afectar pastizales, bosques, cultivos e incluso viviendas cercanas.

Por ello, el aprovechamiento del material vegetal busca reducir progresivamente la cantidad de combustible disponible en zonas vulnerables. No se trata únicamente de prohibir las quemas, sino de ofrecer a los pobladores otras formas de manejar los residuos que quedan después de las cosechas o de las actividades relacionadas con el pastoreo.

En Curahuasi, Chinchaypujio y Coporaque, estas experiencias todavía forman parte de un proceso de implementación y aprendizaje. Su expansión dependerá de los resultados obtenidos y de la capacidad para adaptarlas a las condiciones de cada comunidad.

Propuesta busca llegar a Puno

El SERFOR prevé extender este tipo de iniciativas a otros distritos considerados vulnerables de Cusco, Apurímac y Puno.

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La apuesta es que el manejo de residuos deje de ser únicamente una tarea de limpieza de terrenos y se convierta también en una herramienta de prevención. Si estas alternativas logran consolidarse, el material que antes terminaba reducido a cenizas podría convertirse en alimento, insumo productivo o una fuente adicional de ingresos para las familias rurales.

El desafío será llevar estas experiencias a mayor escala y conseguir que el aprovechamiento de los residuos resulte suficientemente práctico y rentable para que las comunidades encuentren en él una verdadera alternativa frente al uso del fuego.

Dato

Hasta agosto y septiembre de 2026, la región de Cusco registra 119 incendios forestales, afectando más de 2 mil 726 hectáreas.

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