
El INAIGEM advierte sobre los aluviones y el peligro para miles en Puno y Cusco.
El retroceso de los glaciares ya está modificando el paisaje de las zonas altoandinas y también está creando nuevas condiciones de riesgo para las poblaciones ubicadas aguas abajo. En Puno y Cusco, la presencia de decenas de lagunas de origen glaciar coloca a comunidades enteras frente a un peligro que puede activarse por el desprendimiento de hielo o rocas, lluvias intensas o el desborde repentino de un cuerpo de agua.
La advertencia fue formulada por Paola Moschella Miloslavich, directora de Investigación en Glaciares del Instituto Nacional de Investigación en Glaciares y Ecosistemas de Montaña (INAIGEM), quien explicó que estos fenómenos, conocidos popularmente como riadas cuando alcanzan grandes dimensiones y tienen origen glaciar, reciben técnicamente el nombre de aluviones.

Puno: cinco lagunas en riesgo muy alto
El mapa elaborado por INAIGEM identifica 72 lagunas glaciares con riesgo de desborde en Puno. De ese universo, cinco se encuentran en la categoría de riesgo muy alto: Riticocha, Sorapata, Vizcachani, Phacu Cucho y Aullincocha. El departamento también registra 11 lagunas en nivel alto, dos en nivel medio y 54 en nivel bajo.
La dimensión del peligro se observa también en las viviendas ubicadas dentro de las áreas potencialmente afectadas. Entre las cinco lagunas de mayor riesgo figuran Phacu Cucho, con 476 viviendas expuestas; Sorapata y Vizcachani, con 268 cada una; y Aullincocha, con 159.
En Sorapata, además, INAIGEM ha advertido condiciones que requieren vigilancia debido a la presencia de elementos inestables en el entorno de la laguna. El peligro no depende únicamente de cuánto aumenta el nivel del agua, sino de la posibilidad de que una masa de hielo o roca se desprenda y provoque un desborde súbito.
Es precisamente este tipo de escenario el que Moschella considera parte de los nuevos peligros asociados al retroceso glaciar.

Según la especialista, la pérdida de masa glaciar favorece la aparición de nuevas lagunas o la expansión de las existentes, generando condiciones para que aumenten determinados peligros de origen glaciar.
Cusco: Upiscocha, una señal de alerta
Cusco presenta 76 lagunas glaciares identificadas con riesgo de desborde, una de las cifras más altas del país. El caso que concentra especial atención es Upiscocha, ubicada en el distrito de Ocongate, provincia de Quispicanchi, en la Cordillera Vilcanota.
INAIGEM reportó que Upiscocha registró un crecimiento anual de 14,9 % entre 2016 y 2023 y que en 2024 superó los 19 millones de metros cúbicos de agua. La institución también identificó 15 sitios críticos alrededor de la laguna, asociados a posibles deslizamientos y avalanchas.
Para Moschella, este tipo de cambios demuestra que el peligro no permanece estático. El retroceso de los glaciares modifica las condiciones de las montañas y puede ampliar los escenarios de exposición de las poblaciones ubicadas en las partes bajas.

Un aluvión puede comenzar sin un sismo
Uno de los puntos destacados por Moschella es que un sismo no es una condición indispensable para que ocurra un aluvión glaciar. La especialista explicó que estos eventos también pueden producirse por desprendimientos masivos de hielo y roca o por desbordes intempestivos de lagunas ubicadas en entornos glaciares.
El antecedente reciente demuestra que no se trata únicamente de una hipótesis. Moschella señaló que durante 2025 se registraron tres aluviones provocados por desbordes de lagunas glaciares. Dos ocasionaron daños menores, mientras que otro alcanzó parte de la ciudad de Huaraz y dejó dos personas fallecidas.
El Niño aumenta la necesidad de vigilancia
El escenario adquiere una nueva dimensión ante el actual contexto climático. ENFEN mantiene la alerta por El Niño Costero y prevé que el fenómeno continúe durante los próximos meses. Sin embargo, esto no significa que El Niño vaya a provocar automáticamente un aluvión glaciar en Puno o Cusco.
La relación es más compleja. Las lluvias intensas constituyen uno de los posibles factores desencadenantes de movimientos y desbordes, mientras que la inestabilidad glaciar y las características de cada laguna determinan el nivel de peligro.

La diferencia entre una alerta y una tragedia puede estar en el tiempo de respuesta. Según los modelamientos mencionados por Moschella, un aluvión puede tardar entre 15 y 25 minutos desde su inicio hasta alcanzar las zonas bajas con mayor concentración de población.
Ese margen obliga a que las rutas de evacuación, zonas seguras y sistemas de alerta estén definidos antes de que ocurra una emergencia.
INAIGEM ha trabajado en mapas de peligro y rutas de evacuación en distintos sectores expuestos. La institución también plantea fortalecer el monitoreo y desarrollar nuevas herramientas tecnológicas para identificar cambios en glaciares y lagunas.
El desafío para Puno y Cusco es que esa información científica llegue a las comunidades y se convierta en acciones de monitoreo, alerta temprana, simulacros y evacuación.
Problema comienza en la montaña
El nuevo inventario de INAIGEM reporta una reducción del 59 % de los glaciares peruanos en las últimas seis décadas, según lo adelantado por Moschella, y estima la existencia actual de unos 4 mil 500 glaciares. La especialista atribuye esta pérdida al calentamiento global y al cambio climático.
Ese retroceso no significa que todas las lagunas glaciares representen una amenaza inmediata, pero sí está transformando las condiciones físicas de las montañas y creando nuevos escenarios que deben ser evaluados.
Áncash conserva los antecedentes más dramáticos del país y continúa bajo vigilancia por el peligro asociado al Huascarán. No obstante, para el sur, la advertencia ya está sobre la mesa: el riesgo se está formando en las montañas y la prevención debe llegar antes de que el agua, el hielo o las rocas comiencen a descender hacia las poblaciones.
Dato
Phacu Cucho concentra 476 viviendas expuestas, mientras que Sorapata y Vizcachani tienen 268 viviendas cada una y Aullincocha 159.







