
Por: Carlos Vásquez Gonzáles. Periodista
Saber perder, pero sobre todo dar el ejemplo de saber hacerlo, es básico. El fútbol debería enseñar a los niños a competir, respetar al rival y aceptar las decisiones arbitrales, pero lo ocurrido en el torneo internacional Ciudad Blanca Cup, en Arequipa, muestra todo lo contrario. El pasado 3 de agosto, el árbitro Rommel Chambi Mamani fue brutalmente agredido durante un partido de la categoría Sub-9. Según su testimonio, todo comenzó tras sancionar una falta que provocó reclamos e insultos desde la tribuna y la zona técnica. Cuando intentó calmar los ánimos, fue atacado y terminó en el suelo.
A su salida de la comisaria donde asentó la denuncia, el referí, con mascarilla en el rostro, dijo que sufrió desviación del tabique, cortes en los labios, lesiones en el ojo izquierdo y golpes en distintas partes del cuerpo.
Lo más grave no es solamente la violencia contra un árbitro que lleva 12 años ejerciendo esta actividad, sino que la agresión ocurrió durante un campeonato infantil. Y es que el fútbol puede generar pasión, pero ninguna pasión justifica la violencia. Una falta, un penal o una decisión arbitral pueden discutirse, pero jamás deben convertirse en motivo de agresión física. Si los adultos pierden el control frente a menores, termina destruyendo precisamente los valores que el deporte debería enseñar.
Chambi presentó la denuncia y las autoridades ya identificaron a dos de los seis presuntos agresores, quienes estarían vinculados a la escuela de fútbol Esther Grande de Bentín, la misma que emitió un comunicado rechazando tal proceder. Lo propio hicieron los promotores del torneo. En el papel condenan los hechos.
Ahora corresponde determinar responsabilidades y aplicar las sanciones que correspondan. El fútbol infantil no puede convertirse en una escuela de violencia adulta. Los niños no solo aprenden de lo que se les dice, sino de lo que ven. Y si queremos formar buenos futbolistas, primero debemos enseñarles a ser buenas personas.
Cita
Lo más grave no es solamente la violencia contra un árbitro que lleva 12 años ejerciendo esta actividad, sino que la agresión ocurrió durante un campeonato infantil.







