julio 8, 2026
Marcha gay

Banderas multicolores y mensajes contra la discriminación marcaron una jornada de reivindicación de derechos ciudadanos.

La reciente Marcha del Orgullo LGTBIQ+ volvió a poner sobre la mesa la necesidad de garantizar el respeto y la igualdad para una comunidad que continúa enfrentando prejuicios y discriminación. La movilización también evidenció el choque entre quienes defienden la ampliación de derechos y sectores conservadores que rechazan estas demandas ciudadanas.

El sábado por la noche se realizó, contra viento y marea —y contra el deseo de los sectores más conservadores y de ultraderecha, representados por Renovación Popular—, la Marcha del Orgullo LGTBIQ+. Sin duda, es un evento que debe continuar institucionalizándose en la ciudad y en el país, al menos para recordar que esta comunidad existe y que exige derechos claros y respeto.

Algo que, al parecer, desde Renovación Popular no quieren aceptar. Para ellos, pedir respeto parece ser peor que insultarlos o mentarles la madre. No entienden que, aunque durante siglos las personas LGTBIQ+ hayan permanecido ocultas o hayan sido obligadas a vivir en el clóset, siempre han existido. La diferencia es que hoy son más visibles, alzan la voz y forman parte de nuestra sociedad.

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No quiero imaginar lo que ocurriría en una familia de ese corte conservador si alguno de sus integrantes se manifestara abiertamente como gay, lesbiana, trans o integrante de cualquier otra identidad de la diversidad sexual. Tal parece ser el nivel de rechazo que, incluso, podrían llegar a marginarlo hasta el hastío.

El tema de fondo es que la orientación sexual o la identidad de género de una persona no debería importar a terceros. Mientras no se cause daño a nadie, la vida afectiva y sexual de cualquier ciudadano pertenece al ámbito privado y merece ser respetada en todos los niveles.

Da la impresión de que entre los «valores cristianos» que tanto proclaman y por los que se golpean el pecho no figura el respeto. Porque, si realmente lo practicaran, simplemente guardarían silencio cuando una «loca» o la comunidad en su conjunto saliera a reclamar derechos tan elementales como el matrimonio igualitario, el acceso al trabajo, la no discriminación y el derecho a vivir en paz.

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¿Qué sentirían esos autodenominados «cristianos» si alguien les negara un empleo por sus creencias religiosas o los discriminara por profesar determinada fe?

El primer paso para comprender lo que significa el respeto es ponerse en el lugar del otro e intentar comprender sus sentimientos, sus pensamientos y sus creencias. Cuando sean capaces de hacer ese ejercicio, tan humano como necesario, quizá también comprendan que la comunidad LGTBIQ+ tiene el mismo derecho que cualquier otro ciudadano a organizar sus actividades, expresarse libremente y exigir el respeto de sus derechos.

CITA

«La comunidad LGTBIQ+ tiene el mismo derecho que cualquier ciudadano a expresarse y exigir respeto.»

DATO

Décadas de invisibilización explican por qué la comunidad LGTBIQ+ continúa reclamando igualdad y protección legal.

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