A pocos meses de las Elecciones Regionales y Municipales, Sarko Medina reflexiona sobre una práctica recurrente en la política peruana: la continuidad de los mismos grupos de poder mediante familiares, regidores, asesores o aliados que buscan suceder a las autoridades salientes. Se plantea la necesidad de evaluar no solo partidos y propuestas, sino también los vínculos políticos detrás de cada candidatura.
Por: Sarko Medina Hinojosa. Periodista
El 4 de octubre, el Perú elegirá gobernadores regionales, alcaldes provinciales y distritales para el período 2027-2030. La ley es clara: no hay reelección inmediata de alcaldes. Pero la ley no prohíbe que el mismo apellido, el mismo entorno, el mismo grupo de poder local migre de un cargo a otro como quien intercambia de oficina dentro del mismo edificio. Un verdadero problema que la norma no resuelve.
Porque el truco ya lo conocemos en Arequipa y en cada provincia del país: el alcalde saliente coloca a su regidor de confianza como candidato a la alcaldía; él se postula a la región, su esposa va al concejo municipal, su sobrino se cuela en una lista distrital. La reelección inmediata está prohibida, pero la continuidad del poder no. Es el mismo plato recalentado de matasca, pero sin rico sabor.
Después de gestiones que no dejaron obra emblemática, que enfrentaron vacancias por mal uso de recursos, que se hundieron en escándalos desde lo grotesco hasta lo penal, la pregunta que deberíamos hacernos como electorado no es solo «qué partido», sino «qué cara nueva». Porque cuando el descalabro de una gestión es evidente, la solución no puede ser darle el siguiente turno al primo, al asesor o al heredero político del mismo grupo que ya demostró sus límites, menos a quienes ya demostraron que no pudieron con la encargatura antes.
Necesitamos nuevos aires no por capricho generacional ni por moda política, sino por necesidad estructural. Las regiones que llevan años repitiendo el mismo círculo de poder, cambiando solo el nombre que aparece en la boleta, son las mismas que no logran ejecutar presupuesto, que acumulan obras paralizadas, que ven cómo el canon se diluye en consultorías que nunca terminan en infraestructura real.
Esto significa exigir que lo nuevo venga con propuesta real, no con el ropaje de la novedad disfrazando la misma vieja maquinaria. Significa investigar quién financia las campañas, quién aparece detrás de cada candidato «independiente» que, casualmente, fue funcionario de la gestión anterior.
A meses de octubre, el reto ciudadano es identificar cuándo un «candidato nuevo» es realmente nuevo y cuándo es solo el mismo plato de chaufa con las carnes que dejaron clientes pasados. Al final, usted decide.
CITA
“La reelección inmediata está prohibida, pero la continuidad del poder no”.
DATO
El próximo 4 de octubre se elegirán gobernadores, alcaldes provinciales y distritales









