Meditaciones arequipeñas | La soledad del corredor

Entre la apretadera, el bullicio y la marea de gente, logré contar hasta tres peleas a golpes de hombres y mujeres por igual. Me arrepentí de haber dejado mi celular en mi casa; por solo precaución me perdí de registrar la condición humana aguardando un concierto de entrada gratuita.

Por: Jorge Luis Quispe

El último viernes se presentó Armonía 10, Yobana Hancco y Los Puntos del Amor en el estadio Arturo Díaz Huertas de Cerro Colorado. Se trata de un recinto deportivo ubicado muy cerca a la casa de mi madre. No tenía muchas expectativas, nada me apuraba.

Acudí a recoger la libreta del primer bimestre de mi hijo mayor y al regresar a mi casa decenas de puestos de “calientitos” y variadas comidas flanqueaban las dos calles que rodean el estadio, ya que las otras la ocupan extensas chacras. Si no tenía ánimo para asistir, ese ambiente de fiesta y promesas musicales empezó a activar en quien pasase por allí unas casi irreprimibles ganas de bailar.

Hasta ese momento la cola para el ingreso libre solo era de una cuadra e incluso tuve la ocasión de ver llegar el bus de Armonía 10 al estadio, no eran más de las ocho de la noche. El único pequeño detalle es que no había hecho ningún plan ni quedado ni confirmado asistir con nadie, solo algo casual con un amigo y vecino de página de este diario. Ilusoriamente creí que tenía tiempo de cenar en mi casa y poder entrar.

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De manera que me tomé todo el tiempo del mundo para preparar mi comida, descansar y volver a salir. Poco más de las diez de la noche la fila para ingresar ya sobrepasaba las ocho cuadras, rápidamente tomé mi lugar. Apenas había avanzado y el grupo estelar, Armonía 10, ya hacía su ingreso. La gente se desesperaba, se caldeaba, silbaba, reclamaba por el lento ingreso de los asistentes en puerta.

A medida que avanzaba el concierto de la “universidad de la cumbia”, la gente perdía la esperanza de entrar y comenzaron a beber, cantar y bailar afuera. Después de esperar y hacer fila por poco más de una hora vino lo peor. En el último tramo para ingresar, en la última cuadra, una estampida humana derribó las vallas de seguridad. Entre la apretadera, el bullicio y la marea de gente, logré contar hasta tres peleas a golpes de hombres y mujeres por igual, todos queriendo ganar un espacio a punta de puñetes y patadas.

Me arrepentí de haber dejado mi celular en mi casa; por solo precaución me perdí de registrar la condición humana aguardando un concierto de entrada gratuita. No dejaba de reírme al pensar que gente que había comenzado de una manera tan organizada, ordenada y respetuosa al inicio no tuvo reparos en lanzarse a los golpes con tal de entrar al estadio.

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Las sorpresas apenas empezaban. Logré entrar, busqué sin suerte a mi amigo y colega y me volví a arrepentir de no haber llevado mi celular. “Qué tal cojudo”, dije, “cómo voy a dar con mi pata si no traigo cómo comunicarme con él”. En fin, no iba a pasarme toda la noche buscándolo.

Me senté en las gradas dispuesto a disfrutar de las canciones cumbieras más populares y, en efecto, así lo hice por un rato. A no mucha distancia advertí a dos parejas de amigos; me vieron y los vi, pero no pudimos juntarnos, obvio, ellos estaban emparejados. Luego logré ver a una colega que a su vez se encontraba acompañada de sus incondicionales amigos de la institución.

Decidí bajar y empezó la hecatombe: me encontré a un amigo promoción de primaria, a otro desconocido que me saludó efusivamente, al alcalde de Cerro Colorado junto a su portátil y, finalmente, a un grupo de amigos que se retiraba. Todos juntos, todos en grupo, todos con alguien y me pareció que fue una idea totalmente errada ir solo a disfrutar de un concierto. ¿En qué estaba pensando?

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Ya lo viví, lo experimenté y creo que no lo volvería a hacer. Horas después, minutos antes de las 6 de la mañana, cuando salí a dar mi reporte radial y ver a los bebedores incesantes y perennes dormir en la calle sin sus pertenencias, me alegré de haber ido solo y más de haberme retirado concluida la presentación de Armonía 10. Solo y evitando la bebida uno es más responsable.

En otro ámbito de la información coyuntural, a esta fecha según IPSOS, un 26% de peruanos aún no decide su voto. Yo creo y estoy seguro de que ya lo decidieron luego de escuchar y ver a Miky Torres admitir a nivel nacional cómo acordaron sacar del cargo al expresidente Pedro Castillo, desvelando así la verdadera entraña antidemocrática y golpista del fujimorismo. Si no lo sabían, creo que ya lo saben. Confío en que harán lo correcto.

Cita

Poco más de las diez de la noche la fila para ingresar ya sobrepasaba las ocho cuadras, rápidamente tomé mi lugar. Apenas había avanzado y el grupo estelar, Armonía 10, ya hacía su ingreso.

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