En un contexto electoral marcado por la polarización, la libertad de prensa en el Perú enfrenta serios desafíos. La falta de garantías para el ejercicio periodístico y el deterioro del clima informativo evidencian la necesidad de compromisos claros por parte de los candidatos, en defensa de un derecho esencial para la democracia.
Por: Karola Lara Manchego. Doctora en Comunicación y Desarrollo
En tiempos electorales, los discursos abundan, las promesas se multiplican y los candidatos recorren el país hablando de economía, seguridad, empleo o infraestructura. Sin embargo, existe un tema fundamental para la salud democrática del Perú que rara vez ocupa el centro del debate político: la libertad de prensa.
La libertad de prensa no es un privilegio de los periodistas ni una bandera exclusiva de los medios de comunicación. Es, en realidad, un derecho de toda la sociedad. Gracias a ella, los ciudadanos pueden conocer hechos de interés público, fiscalizar a quienes ejercen poder y tomar decisiones informadas. Sin una prensa libre, la democracia pierde uno de sus pilares más importantes.
Hoy, en medio del contexto de una segunda vuelta electoral marcada por la polarización, la desinformación y el descrédito institucional, el país necesita más que nunca candidatos comprometidos con garantizar el respeto irrestricto a la libertad de expresión y al trabajo periodístico.
La prensa cumple una función incómoda, pero necesaria. Investiga, cuestiona, confronta y expone aquello que muchos quisieran mantener oculto. Precisamente por ello, en las democracias sólidas, los gobiernos entienden que el periodismo crítico no es un enemigo del Estado, sino un mecanismo de control que fortalece la transparencia y combate la corrupción.
El problema aparece cuando el poder intenta desacreditar, intimidar o silenciar a quienes informan. Allí comienza el deterioro democrático.
No es casualidad que los países con mayores niveles de autoritarismo sean también aquellos donde los periodistas son perseguidos, censurados o amenazados. Cuando un gobierno controla la información, controla también la percepción de la realidad. Y una ciudadanía desinformada es mucho más vulnerable a la manipulación.
El Perú atraviesa actualmente una situación preocupante. Según la Clasificación Mundial de Libertad de Prensa 2026 de Reporteros Sin Fronteras, el país ocupa el puesto 144 de 180 naciones evaluadas, una ubicación alarmante que evidencia un deterioro progresivo del clima para el ejercicio periodístico. El informe advierte presiones políticas, hostigamiento judicial, violencia contra periodistas y un entorno cada vez más adverso para informar con independencia.
No se trata únicamente de cifras o rankings internacionales. Detrás de esos indicadores existen reporteros amenazados, medios debilitados económicamente, periodistas agredidos durante coberturas y campañas sistemáticas de desprestigio contra quienes investigan asuntos incómodos para el poder político o económico.
Por ello, la segunda vuelta electoral representa también una oportunidad para exigir compromisos concretos a quienes aspiran a gobernar el país.
Los candidatos no deberían limitarse a declaraciones generales sobre democracia. Deben expresar con claridad cuál será su posición frente a la prensa crítica, cómo garantizarán el acceso a la información pública, qué medidas adoptarán para proteger a periodistas amenazados y de qué manera evitarán el uso del aparato estatal para presionar o intimidar a los medios de comunicación.
En ese contexto, resulta pertinente que las organizaciones periodísticas, universidades, gremios profesionales y entidades de la sociedad civil impulsen la firma de un compromiso público de respeto y defensa de la libertad de prensa por parte de los candidatos que disputarán la segunda vuelta electoral.
Este compromiso no debe ser un simple acto protocolar ni una fotografía de campaña. Debe representar una obligación ética y política frente al país: un documento que establezca principios mínimos de respeto al trabajo periodístico, rechazo a toda forma de censura, garantía de acceso a la información pública, protección a periodistas frente a amenazas y compromiso de no utilizar el poder del Estado para hostigar o desacreditar a los medios de comunicación.
Quien aspira a conducir una nación democrática no debería tener dificultad alguna en asumir públicamente estos principios. Por el contrario, negarse a hacerlo también enviaría un mensaje preocupante a la ciudadanía.
La libertad de prensa no puede depender de simpatías políticas ni de intereses electorales. Un gobernante verdaderamente democrático entiende que el derecho a cuestionar y fiscalizar es parte esencial del sistema republicano.
También corresponde una reflexión desde el propio periodismo. La defensa de la libertad de prensa exige responsabilidad, ética y compromiso con la verdad. En tiempos dominados por la inmediatez digital, las noticias falsas y la desinformación en redes sociales, el periodismo profesional tiene el reto de recuperar la confianza ciudadana mediante rigurosidad, verificación y transparencia.
Defender la libertad de prensa no significa defender errores periodísticos; significa defender el derecho de la sociedad a estar informada.
En esta segunda vuelta, el país no solo elegirá un nuevo gobierno. También decidirá qué tan fuerte quiere mantener su democracia. Y ninguna democracia puede sostenerse si la prensa trabaja bajo miedo, amenazas o censura.
Porque cuando se silencia a un periodista, no pierde únicamente la prensa: pierde toda la sociedad.
CITA
«Cuando se silencia a un periodista, no pierde únicamente la prensa: pierde toda la sociedad».
CITA
“Sin una prensa libre, la democracia pierde uno de sus pilares más importantes.”
DATO
Perú ocupa el puesto 144 de 180 países en libertad de prensa según Reporteros Sin Fronteras 2026.
DATO
Se debe exigir compromisos públicos de candidatos para garantizar la libertad de expresión.









