A sus cinco meses de edad, este pequeño macho se convierte en el primer cóndor en el Perú en ser monitoreado desde su nido silvestre. Gracias a un transmisor satelital OrniTrack-50, un equipo de especialistas seguirá sus pasos en tiempo real para entender cómo los jóvenes de su especie inician la conquista de los cielos andinos.
En el corazón de los andes, un pequeño gigante inició un nuevo capítulo en la historia de su especie. Se trata de Uchuy, un polluelo macho de cóndor de unos cinco meses de edad, que se ha convertido en el primer ejemplar de su especie en ser marcado con un transmisor satelital en un nido silvestre. Este pichón, además, representa la posibilidad de profundizar el estudio de los cóndores en el Perú a cargo de grupo de investigadores multinacional que se ha trazado como objetivo su conservación.
Su nombre, que en quechua significa “pequeño”, simboliza una oportunidad sin precedentes para la ciencia: la posibilidad de conocer de cerca una de las etapas más desconocidas y críticas en la vida de una de las aves más longevas y majestuosas de Sudamérica, según explica Víctor Gamarra-Toledo, presidente de la Fundación Condor Andino Perú (FCAP).

Resolver el misterio sobre los primeros desplazamientos y el proceso de exploración fuera del nido es una tarea pendiente e incipiente en el Perú, a diferencia de Ecuador o Argentina. El conocimiento del proceso de dispersión de los cóndores jóvenes en libertad es limitado, según reporta el equipo técnico, de allí la importancia de saber qué hacen una vez dejan atrás su hogar.
Un polluelo marcado
El equipamiento de Uchuy con un transmisor satelital OrniTrack-50 y una banda alar de identificación permitirá a los investigadores monitorear, en tiempo real, datos precisos de ubicación, altitud, velocidad y patrones de movimiento.
Esta información será fundamental para identificar rutas de vuelo, áreas de alimentación y las amenazas que enfrentan los ejemplares jóvenes al abandonar el nido, aportando evidencia científica clave para diseñar estrategias de conservación efectivas.


Uchuy habita un nido que ha sido monitoreado de forma continua desde diciembre de 2023 cuando protegía a un pichón hembra y que también fue estudiado. El sitio se encuentra en un corredor biológico de alta relevancia que conecta los ecosistemas andinos con las zonas marino-costeras, un área que ha demostrado su importancia como zona de cría tras registrar eventos reproductivos exitosos previos.
En noviembre de 2025 se documentó la eclosión del huevo de Uchuy, lo que permitió dar continuidad al seguimiento iniciado dos años antes, acompañando luego el desarrollo del pichón junto a sus padres, detalla Víctor Gamara-Toledo.
“El calendario de Uchuy en el nido inicia desde que el huevo es incubado por dos meses más o menos, al eclosionar el huevo y salir el pichón es atendido por sus padres, entre el sexto y séptimo mes da sus primeros vuelos, pero muy cortos. Luego, hasta el décimo mes da vuelos un poco más alejados del nido. El cuidado de los padres, en promedio, dura 11 meses”, detalla el científico.
Este pequeño gigante mide 90 centímetros erguido y está a poco de alcanzar el tamaño de sus padres. Y aunque es grande de tamaño, es tan solo un “bebé”, por ello tiene una apariencia ‘apeluchada’ (está cubierto de plumón), aunque poco a poco sus plumas van formándose.

Aquí todos aprenden a ‘volar’
Dentro de unos meses Uchuy alzará vuelo. Poco a poco dejará atrás a sus padres a través de un proceso que toma su tiempo. En paralelo, los investigadores peruanos, de manera figurativa, también hacen lo mismo.
El marcaje del cóndor es un logro liderado por la Fundación Cóndor Andino Perú en alianza estratégica con la Fundación Cóndor Andino Ecuador (FCAE). Víctor Gamarra-Toledo detalla que para este procedimiento intervinieron 13 profesionales, entre ellos biólogos y veterinarios, tres de los cuales son de Ecuador, quienes tienen mayor experiencia y compartieron sus conocimientos con los nacionales.
Esta acción es parte de una línea de investigación iniciada en 2025 por la FCAP para comprender la ecología del movimiento y la conectividad del cóndor en el centro y sur del país.
El procedimiento de marcaje, realizado el reciente 8 de abril, fue el resultado de una cuidadosa planificación técnica y logística. El equipo de especialistas llevó a cabo el descenso al nido para realizar una evaluación veterinaria del polluelo e instalar el dispositivo.

Precisamente, el GPS que lleva ahora consigo nuestro joven protagonista es una especie de mochilita cuya batería durará entre 3 a 4 años, tiempo en el que los investigadores podrán tomar información de su desplazamiento y todo lo que ello conlleva. La correa de este aparato, con el tiempo —explica el científico— puede romperse y la fundación, a su vez, recuperarlo para reutilizarlo.
“Luego de la colocación del dispositivo, se hizo el seguimiento de cinco días para ver cómo reaccionan los padres. En la tarde el padre volvió y se mostró un poco reacio. Se dio cuenta de qué algo raro pasaba, para el segundo día padre y madre alimentaron al pichón y en los siguientes días todo volvió a la normalidad”, detalló el especialista con relación al cuidado que se debe tener en estos procedimientos.
Además, tras la intervención, el monitoreo posterior ha confirmado que Uchuy goza de buena salud y que sus padres continúan brindándole los cuidados necesarios, lo que valida el rigor y el éxito de los protocolos aplicados en esta oportunidad.
Urgencia de protección
La historia de Uchuy cobra especial relevancia ante la situación crítica de la especie en el Perú, donde el cóndor andino está clasificado En Peligro (EN). Según el Censo Nacional de 2022, existe una población mínima registrada de apenas 301 individuos.

Aunque estas aves pueden vivir hasta 50 años en estado silvestre, se enfrentan a graves peligros como la cacería, el envenenamiento y la pérdida de su hábitat. Hay que tener en cuenta que es una especie longeva, de reproducción lenta, por eso es vital conocer sus rutas, áreas de alimentación y posibles amenazas. Y más importante aún es comprender los corredores biológicos que la especie utiliza.
Y, precisamente, por razones de seguridad para el ejemplar, el equipo de investigación mantiene bajo reserva la ubicación exacta del nido por temor a que inescrupulosos busquen el lugar y pretendan afectar al pichón o al transmisor satelital.
A decir de Gamarra-Toledo, si bien Uchuy está bien protegido, uno de los principales riesgos que corre es quedarse huérfano. Por su tamaño, estas aves no tienen un depredador potencial, sin embargo, es la presencia humana lo que más los pone en riesgo.
En este punto, el investigador destaca el trabajo conjunto que también involucró —en este caso— al Gobierno Regional de Ayacucho, el Museo de Historia Natural de la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa (MUSA), el SERFOR y, principalmente, la comunidad local.
Los comuneros juegan un rol determinante. Mientras algunos pueden envenenar a estas majestuosas aves aduciendo que atacan a su ganado, otros los protegen. Gamarra-Toledo explica que se realizan labores de sensibilización y, en otras ocasiones, solicitan permiso en las comunidades para intervenir.

Recuerda el caso de Encanto Querobambino, un cóndor hembra rescatada por los propios comuneros. Evoca la emoción que sintieron cuando el ave se recuperó y fue reinsertada a su habitad. Hubo lágrimas y compromiso de parte de los ciudadanos.
Experiencias como estas, Víctor Gamarra-Toledo quisiera replicar en Arequipa. Resulta paradójico que en una región que entre sus principales atractivos turísticos figure el vuelo del cóndor en el Valle de Colca, poco se conoce sobre estas aves. El científico refiere que años atrás intentaron entablar acercamientos con Autocolca, pero hubo poco interés de parte de las autoridades, espera que en un futuro no muy lejano la FCAP también pueda estar realizando labores de investigación y colocación de GPS en cóndores, así como ocurre en Ayacucho.
Entre tanto, en los próximos meses, Uchuy realizará sus primeros vuelos fuera del nido. Cada dato transmitido por su GPS no solo será un punto en un mapa para los científicos, sino un símbolo de esperanza para la supervivencia de una de las especies más emblemáticas de Sudamérica, ayudando a garantizar que su vuelo sobre los andes no desaparezca.










