La muerte de una paciente en una clínica irregular revela fallas graves en la supervisión del sistema de salud. La falta de control estatal sobre establecimientos privados pone en riesgo la vida de ciudadanos y evidencia un problema estructural.
Por: Carlos Vásquez Gonzáles
La muerte de Rebeca Llacho Ccahuana no es un hecho aislado ni un accidente inevitable. Es la consecuencia directa de un sistema que ha normalizado la precariedad, la informalidad y la falta de control en un sector tan sensible como la salud.
En Arequipa, someterse a una cirugía estética puede convertirse en una sentencia de muerte. Resulta indignante que la clínica “Florez Salud” —categorizada como II-E para cirugía general o ambulatoria— haya realizado una intervención estética que requiere hospitalización y que no es de corta estancia. Cualquier complicación en estas condiciones puede ser fatal para el paciente. Y así fue para Rebeca.
No se trata de un error administrativo menor, sino de una grave violación de las normas sanitarias que pone en riesgo la vida. Aquí no basta con señalar al médico extranjero, hoy inubicable, sino al problema de fondo: un Estado que no tiene la capacidad —o la voluntad— de prevenir, supervisar y sancionar de manera efectiva.
La Gerencia Regional de Salud, con Walter Oporto a la cabeza, ha reconocido que existen alrededor de 254 establecimientos públicos, además de clínicas privadas. Frente a esta cantidad, el sistema parece estar diseñado para fallar si no existe una regulación y supervisión adecuadas. Y cuando el control falla, las consecuencias no son cifras: son vidas humanas.
La salud pública, incluso en el ámbito privado, no puede quedar librada al azar. La alta demanda de cirugías estéticas en contextos sin regulación expone a personas a riesgos mortales por confiar en servicios inseguros.
En Arequipa, estas muertes no son aisladas: se repiten entre la indignación pasajera y la falta de acciones concretas. Sin fiscalización real ni sanciones, el sistema no solo falla, sino que termina siendo cómplice.
CITA
“No es un error aislado, es el resultado de un sistema que permite operar a clínicas sin control”.
CIFRA
250 establecimientos de salud operan en Arequipa, lo que dificulta su adecuada supervisión.
DATO
Clínicas categorizadas para cirugías menores no pueden realizar procedimientos que requieran hospitalización.









