Arriba no llega nada: ni el gas, ni el agua, ni la ayuda

Ollas comunes y comedores populares de Arequipa enfrentan el alza del gas y cocinan con leña para alimentar a miles de personas. El subsidio del Fondo de Inclusión Social Energético no alcanza para cubrir los costos.

Ante el incremento del precio del gas, Ollas comunes en Arequipa recurren a la leña para cocinar sus alimentos. Imagen completada con IA.

El verano retrasado ya se siente en Arequipa. Aunque la luz golpea con fuerza de martillo, sobre los sillares volcánicos existe otro tipo de calor, uno que no marca el termómetro meteorológico ni se evita con sombrero, es el calor del fogón, el aliento del fuego que mantiene vivas a las familias. En Cerro Colorado, este calor se duplica y se vuelve asfixiante. Mientras el sol castiga desde el cielo, la leña quema desde el suelo. Mientras más se asciende hacia las zonas altas, menos gas llega y más leña se consume, incrementando la temperatura en cocinas que ya son calderos de presión social.

Elena Cruz Suclle, presidenta de las ollas comunes de Cerro Colorado, tiene la vista panorámica de la crisis: 23 locales en el margen derecho e izquierdo del distrito atienden a 2,551 beneficiarios inscritos. Un tercio de ellos son personas vulnerables, adultos mayores y personas con discapacidad. Elena habla con la autoridad de quien ha gestionado cada cucharada “A pura gestión, a puro punche hemos trabajado”.

Varios comedores en Cayma y Cerro Colorado tienen que cocinar a leña. Este es el ubicado en Jardines de Chachani.

Esta mujer explica que, de las 23 ollas seis están cocinando a leña. El precio de la madera también se ha disparado, con incrementos de 50 a 100 soles. El Fondo de Inclusión Social Energético (FISE), subsidio de 43 soles, es insuficiente cuando el balón de gas supera los 65 soles. La municipalidad entrega cuatro productos base (arroz, aceite, conservas y menestras), pero la carne y la verdura dependen de un subsidio de 0.25 céntimos por beneficiario, aprobado recién el año pasado. Aunque vale decir que algunas ollas comunes no inscritas no reciben este bono.

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“No porque son vulnerables vamos a hacer un servicio pésimo. Todos necesitamos tener una calidad de vida”, explica Elena, reclamando no solo alimentos, sino dignidad en la infraestructura. Muchas ollas no tienen terreno propio y los utensilios, comprados hace cinco años, están pidiendo renovación a gritos.

En la Olla Común Jardines de Chachani, la leña ha reemplazado al gas. Mario Holguino, integrante de la directiva, cuenta que son 131 beneficiarios, incluyendo 15 casos sociales. Las lluvias cortaron el acceso completamente hasta que una empresa privada, gestionada a través del sacerdote de la zona, logró abrir una brecha. El agua y la luz son colectivas, divididas entre toda la asociación, y nunca son suficientes. Una semana cocinan con gas, otra con leña, dependiendo de lo que el mercado y el bolsillo permitan, explica Mario. Cerca de allí, el Comedor Popular Mario Vargas Llosa también alterna entre el gas y la leña, viviendo en una deficiencia constante. 

Via de acceso a la Olla Común Jardines de Chachani quedó obstruída.

En Cayma la situación no es distinta, Elizabeth Huaricallo, cocinera del Comedor Popular Once de Mayo, mueve las ollas con la precisión de quien sabe que cada grano de arroz cuenta. Quince familias se alimentan en este espacio, seis de ellas son casos sociales que no pueden pagar nada. El menú cuesta 3.50 soles, un precio que apenas raspa el costo real. “Mi ganancia solamente es que me llevo mi almuerzo”, cuenta.

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Aquí también la infraestructura es precaria. Al no haber refrigerador; las sobras de carne y verduras deben cargarse cada día hacia las casas de las socias. No hay baño propio y dependen de la buena voluntad de un vecino que les facilita el agua y la luz. Las lluvias pasadas no perdonaron, el lodo entró por la puerta principal. «Se ha entrado todo», dice Elizabeth, señalando el suelo. 

Cocina del Comedor Popular Once de Mayo espera cambio de utensilios hace mucho.

Sin embargo, comparado con lo que se encuentra más arriba, este es un terreno firme. Aquí, al menos, el gas llega, aunque duela en el bolsillo. Un balón la semana pasada costó 55 soles(precio que incrementó en los últimos días) y se consume uno por semana. El subsidio del Estado es una gota en el océano de gastos. «No alcanza. Debería ser un FISE por semana», sentencia Elizabeth.

La caminata continúa hacia el interior, donde el asfalto se convierte en trocha. Aquí se encuentra la Olla Común Señor de los Milagros, ubicada más arriba. Melquiades, fiscal de la junta directiva, recibe la visita con las manos ocupadas. Aquí la situación es más crítica. El balón de gas, que antes costaba 46 soles, ahora está en 65. “Nos falta apoyo”, manifiesta Melquiades. Más arriba aún, el Comedor Popular Mayta Cápac permanece cerrado; las puertas están trabadas, el fuego se ha apagado por la falta de combustible e insumos para atender a la población.

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Olla Comun «Señor de los Milagros» alega que el subsidio del FISE no alcanza.

En una de las zonas más altas, en el Comedor Popular de Embajada de Japón llamado «El Señor es mi pastor nada me falta», la vulnerabilidad se volvió violencia. El 31 de enero, aprovechando un corte de luz, los ladrones se llevaron los balones de gas y los utensilios. Ese robo les dio visibilidad; llegaron candidatos y apoyo municipal, pero la inestabilidad persiste. A veces no atienden por falta de cocineras. El nombre del comedor, una promesa divina, contrasta con la realidad terrenal, aquí, la fe provee pero no alimenta el cuerpo, mientras el Estado tarda.

Al bajar de estas zonas, el aire se limpia, pero la imagen del humo permanece. En los comedores y ollas comunes, las personas esperan que el subsidio alcance, que la lluvia no vuelva a entrar por la puerta y que el calor esta vez no sea tan alto.

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