Tras intensas lluvias en Arequipa, la tragedia dio paso a una respuesta solidaria sin precedentes. Empresas, instituciones y ciudadanos unieron esfuerzos para asistir a los damnificados y comenzar la recuperación de una región golpeada.
Lic. Jonathan A. Barcena Carpio. Periodista
Dos días de intensa lluvia marcaron la desgracia en la región Arequipa. Vidas humanas perdidas, casas destruidas, vías colapsadas y dos cruces intactas que devolvían la esperanza a los más afectados. Fue duro ver por redes sociales y televisión la destrucción que dejaba a su paso el agua negra, esa masa de piedras, árboles y lodo que no distinguía condición social ni voluntades.
Al amanecer, Arequipa se encontraba bajo el lodo, inmersa en la fragilidad de su propia geografía invadida. Sin embargo, entre los escombros y el llanto de quienes lo perdieron todo, surgió una respuesta que nos recuerda la esencia de esta tierra corajuda por naturaleza. Uno, dos, tres o los huaicos que sean no iban a doblegar a los arequipeños y es así que el apoyo llegó.
Palmas para la Policía y las Fuerzas Armadas que dejaron sus aposentos y salieron con lampa y carretilla en mano a limpiar el lodo dando así un cúmulo de esperanza a esas familias damnificadas. Cruz Roja y Bomberos se mojaron los zapatos y supieron socorrer a quienes clamaban por ayuda.
El trabajo del sector privado fue espectacular. Empresas Como Sociedad Minera Cerro Verde, Southern, AGAR, AHORA, Caja Arequipa, Cámara de Comercio e Industria de Arequipa, Cáritas, Mono Blanco, Panadería La Lucha, restaurantes, picanterías, colectivos sociales y muchas más pusieron el hombro para recuperar una ciudad sumida en la desolación pos lluvia.
Como vemos, desde los gigantes mineros hasta los pequeños emprendimientos locales, entendieron que su responsabilidad trascendía los balances financieros para enfocarse en la supervivencia de su comunidad. Esa comunidad que también los hace crecer como empresarios.
El despliegue de maquinaria pesada para el destrabe de las vías y la limpieza de cauces fue el primer alivio para los pueblos aislados. Pero, la ayuda no se detuvo en el hierro y el motor. Llegó también en forma de kits de primera necesidad, agua potable y medicinas, entregados con una celeridad que, en muchas ocasiones, superó la capacidad de respuesta de un aparato estatal a veces burocrático y lento con alcaldes que se pelean por cómo los miraron o porque no les dieron una maquinaria. ¿Dónde queda su responsabilidad y gestión? Pero, lo positivo es más importante ahora.
No se trató sólo de una donación aislada, sino de una logística articulada para devolver la dignidad a las familias arequipeñas. Esta sinergia entre la inversión y la solidaridad demuestra que, cuando el objetivo es el bienestar común, el desarrollo social se convierte en la mejor obra de impacto.
La lección que nos dejan estas lluvias es amarga por las pérdidas, pero esperanzadora por la reacción de su gente y sus instituciones. La empresa privada demostró ser un soporte fundamental para la resiliencia regional.
El desafío queda en manos de las autoridades, quienes deben garantizar que la reconstrucción no sea solo un parche temporal, sino una planificación seria que nos prepare para el próximo embate de la naturaleza.
Arequipa es grande por su historia y sus volcanes, pero es eterna por la solidaridad de quienes, en la peor tormenta, deciden no soltar la mano. ¡Gracias a todos y todas, gracias Arequipa! Aún falta, pero ya hay un comienzo significativo.
CITA
“Arequipa es eterna por la solidaridad de quienes, en la peor tormenta, deciden no soltar la mano.”
CIFRA
Decenas de empresas y organizaciones articularon ayuda humanitaria para miles de familias afectadas por las lluvias.
DATO
La respuesta privada y ciudadana superó en rapidez a la capacidad inicial del aparato estatal.









