Meditaciones arequipeña: Chacras de antaño

Incluso si nos ubicamos en la década de 1960, en el Señor de la Caña aún no había agua, por lo que los y las hermanas de mi abuela tenían que ir a lavar su ropa al canal de regadío.

Jorge Luis Quispe

“Antes no había Piedra Santa ni Abogados, ni 12 de Octubre”, lo he oído varias veces. Entre el Señor de la Caña, Cerrito Los Álvarez y Pachacútec Viejo mediaban extensas chacras y un bosque en lo que hoy es el Colegio Calienes, un bosque con una canchita en la que mi padre y sus amigos jugaban al fútbol.

Incluso si nos ubicamos en la década de 1960, en el Señor de la Caña aún no había agua, por lo que los y las hermanas de mi abuela tenían que ir a lavar su ropa al canal de regadío que era más grande en lo que hoy conocemos como la avenida Villa Hermosa y Metropolitana.

Que no me entiendan mis amigos y conocidos de Piedra Santa, Abogados y 12 de Octubre. Lo que intento detallar aquí es que la expansión urbana que tuvo como semilla la reducción de la campiña arequipeña tuvo que ejecutarse con responsabilidad y teniendo en cuenta la lloclla de la calle Chullo. Esta torrentera llegó a tener de ancho casi diez metros a la altura del Puente de Concordia, de manera que cuando se activaba producto de las fuertes lluvias no se “sentía” la fuerza destructiva del caudal pues tenía toda lo que es hoy la Cooperativa San Agustín para discurrir sus aguas sobre las chacras que ahí existían.

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Luego, el colegio Lord Byron se expandió y redujo considerablemente el cauce, sumado a la creación de urbanizaciones residenciales hicieron – ahora lo sabemos – de esta torrentera una bomba de tiempo que ya había reventado en febrero del 2020 cuando dejó 45 casas afectadas, 17 inhabitables y 7 completamente destruidas en la urbanización Independencia Americana, y sin embargo las autoridades no lo previnieron en este 2026, a pesar de que en aquel año hubo un proyecto denominado “Mejoramiento y Ampliación de Servicio de Protección Contra Inundaciones de la Torrentera Chullo”, firmado por el Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego, que hizo la transferencia, y la Municipalidad de Yanahuara.

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Hoy son más de 400 casas afectadas. Al parecer el proyecto no cumplió su propósito. El crecimiento urbano es natural y como tal exige la máxima optimización, seguridad y responsabilidad de todos los involucrados.

Hoy, no solo son las urbanizaciones residenciales de Yanahuara, Cayma y Cerro Colorado las que están sufriendo las consecuencias de autoridades que priorizaron su bienestar y hasta su peculio antes que el bien común, las urbanizaciones de Sachaca y hasta del Cercado están en riesgo latente.

Proyectos inmobiliarios de ese tiempo y de ahora también son los que debieron y deben ahora garantizar la seguridad de sus edificaciones, de manera que los futuros vecinos y compradores, a la vista de los hechos, están en la obligación de corroborar la seguridad de su predio. Nunca imaginé ver casas destruidas en zonas acomodadas donde muchas veces jugué con mis amigos, algunos de los cuales ahora padecen los tormentos de la naturaleza. Que caiga quien tenga que caer.

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