Sin Filtro | El agro arequipeño en tiempos de guerra: la crisis que el Estado sigue ignorando

La crisis del agro en Arequipa se profundiza por el alza de fertilizantes y el impacto de conflictos internacionales. Agricultores enfrentan mayores costos, menor producción y falta de políticas efectivas del Estado.

Agricultores en Arequipa enfrentan crisis por altos costos de fertilizantes y caída en la producción agrícola.

Por Karola Lara Manchego. Doctora en Comunicación y Desarrollo

Hablar hoy del agro en Arequipa sin considerar el contexto internacional es simplemente incompleto. La guerra —particularmente el conflicto entre Rusia y Ucrania— ha dejado de ser un hecho lejano para convertirse en un factor directo que golpea la economía de los agricultores peruanos. Y Arequipa no es la excepción.

Según los especialistas, los agricultores ya enfrentaban dificultades estructurales; sin embargo, el escenario global ha agravado una crisis que hoy es insostenible. La razón es clara: el agro peruano depende fuertemente de insumos importados, especialmente fertilizantes.

Rusia y Ucrania son actores clave en la producción mundial de fertilizantes y granos. Con el inicio del conflicto, la cadena de suministro internacional se vio interrumpida, generando un incremento drástico en los precios. De acuerdo con el Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (MIDAGRI), el costo de los fertilizantes llegó a incrementarse en más del 100 % en algunos casos desde 2022, impactando directamente en los costos de producción agrícola.

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¿El resultado? Producir en Arequipa se volvió mucho más caro.

Cultivos emblemáticos de la región como la cebolla, papa, ajo, maíz choclo, arroz y alfalfa —que constituyen la base del agro local— dependen de estos insumos. Sin fertilizantes accesibles, la productividad disminuye, los rendimientos caen y el riesgo económico se dispara.

Las cifras ya muestran las consecuencias. En 2024, productos clave registraron caídas importantes: cebolla (-34.7 %), tomate (-37.9 %), papa (-18.5 %) y maíz choclo (-23.0 %), en gran parte por el incremento de costos y la menor capacidad de producción. Esto no solo refleja una crisis productiva, sino una pérdida directa de ingresos para miles de familias agricultoras.

La guerra de EE. UU. e Israel con Irán agudiza la problemática agraria; como consecuencia, se han elevado los costos de transporte (fletes) y su distribución. Es decir, el agricultor paga más por producir y también más por vender: una doble presión que termina reduciendo su rentabilidad a niveles mínimos.

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A pesar de ello, la respuesta del Estado ha sido insuficiente y tardía.

Según el INEI, el agro representa alrededor del 6 % de la economía regional de Arequipa, pero su importancia real es mucho mayor: sostiene el empleo rural, la seguridad alimentaria y parte del abastecimiento nacional. Sin embargo, este sector estratégico sigue dependiendo de medidas reactivas, sin una política clara frente a crisis globales como la actual.

El problema de fondo es político.

El Perú no cuenta con una estrategia de soberanía agrícola ni con mecanismos efectivos para proteger a sus productores frente a shocks internacionales. La dependencia de fertilizantes importados, la falta de reservas estratégicas y la ausencia de incentivos para la producción nacional de insumos evidencian una vulnerabilidad estructural que hoy la guerra ha dejado al descubierto.

En Arequipa, donde más del 60 % de los predios agrícolas son menores a 3 hectáreas, esta crisis golpea con mayor fuerza. El pequeño agricultor no tiene capacidad de absorber el incremento de costos ni acceso a financiamiento para sostener su producción. En muchos casos, la única opción es reducir la siembra o abandonar el campo.

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Y mientras eso ocurre, el discurso oficial sigue siendo insuficiente.

No basta con reconocer el problema. Se necesita una política agraria que incluya subsidios focalizados, producción nacional de fertilizantes, acceso a crédito y, sobre todo, una gestión eficiente del agua que permita sostener la producción en escenarios adversos.

La guerra también se siente en los campos de Arequipa, donde cada campaña agrícola se convierte en una apuesta cada vez más riesgosa. Ignorar esta realidad es condenar al agro a una crisis permanente.

Y esa responsabilidad, hoy, tiene nombre: la falta de decisión política.

CITA
“La guerra también se siente en los campos de Arequipa”

DATO
El costo de fertilizantes subió más de 100% y cultivos como cebolla y tomate registraron caídas superiores al 30%.

CITA
«El agro representa cerca del 6% de la economía regional de Arequipa, pero sostiene empleo y seguridad alimentaria»

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