Las Ollas Comunes de Arequipa mantienen precios desde los 3 soles hasta los 7 soles como máximo.
A dos cuadras de la autopista Arequipa–La Joya, en Cerro Colorado, la olla común La Cuarentena ya no huele solo a gas. Huele a humo. Cada mañana, las mamitas encienden la leña, junto al balón que cuidan como un tesoro. Otra vez empieza la historia de siempre: hoy toca cocinar para 170 personas. Cantidad que antes llegaba como máximo a 140, pero el hambre no espera y el monedero tampoco perdona. La leña, ya no es un recurso de emergencia sino parte de la receta diaria.
Y es que el balón de 45 kilos que compraron hace mes y medio les costó 220 soles, y hoy bordea los S/ 258. Mientras que el de 15 litros apenas les dura tres o cuatro días. Con puro gas la olla no se abastece, por eso en La Cuarentena se cocina con leña, para estirar lo que queda del balón.
El mismo combustible que encarece el balón encarece la comida. El GLP vehicular, que rondaba los cinco soles el galón, trepó cerca del 50 %, ese costo se traslada al precio de las verduras y del arroz que llega a los mercados. Así, la olla no solo gasta más, también necesita más dinero. «Ha subido bastante el precio de la verdura y del gas, y las familias ya no pueden solventar», explicó Elena Cruz, fundadora de la olla común La Cuarentena.
Dicha situación se refleja en las 20 raciones diarias que se sumaron en las últimas semanas. Ese grupo no son abuelitos, ni una población distinta. Son las mismas familias de siempre que ya no alcanzan a cocinar en casa y ponen sus implementos en la olla para llevar después un plato a los hijos.
La crisis se mide en los platos. Donde antes había un estofado, ahora solo alcanza para una sopa, porque dejar de cocinar es una opción. La Cuarentena atiende, entre otros, a diez personas vulnerables, adultos mayores y un paciente renal que no pueden quedarse sin comer. Para sostener el menú del día, Elena y sus compañeras van hasta el mercado mayorista Acomare a hacer rescate de alimentos con la ONG ADRA. De esa forma se van apoyando, aunque el panorama las preocupa. ¿A dónde vamos a llegar? Se pregunta Elena.
La ayuda del Estado llega, pero corta y tarde. El Programa de Complementación Alimentaria les entrega atún, arroz, aceite y frijoles, alimentos no perecibles; y este mes los alimentos tardaron más de lo debido. El Fondo de Inclusión Social Energético, el FISE, les cubre un balón por cada cincuenta beneficiarios con un vale de 28 a 29 soles, un alivio que se evapora apenas el gas sube de precio.
El encarecimiento no se queda solo en el gas. Arequipa cerró octubre como la séptima ciudad con mayor subida de precios del país, con una inflación anual de 5.09 %, por encima del promedio nacional de 4.83 %, según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI). El principal responsable, precisó la entidad, fue el grupo de alimentos y bebidas, golpeados por el Fenómeno del Niño Costero. Pues habría maltratado las cosechas y reducido la pesca. Panorama que se refleja en porcentajes pero para La Cuarentena las cuentas se duplican.
Entre los productos que más subieron figuran el choclo, con alzas de hasta 41.6 %; el ají pimiento, con 33.6 %; la zanahoria, la alverja verde y el olluco, además de varias papas y la cebolla. El mar tampoco ayudó. Pues el bonito trepó 22.9 % y la lisa, la caballa y el jurel también se encarecieron por la menor oferta. El jefe de la Oficina Departamental de Estadística e Informática (ODEI) Arequipa, Flavio Charca Flores, detalló que de los 430 productos de la canasta familiar, 131 subieron de precio en un solo mes.
La cuenta se siente en cada puesto. Productos básicos como el limón pasó de cinco a seis soles el kilo, la cebolla saltó de 2.50 a 3.50 y la alverja verde, que antes costaba entre cuatro y cinco soles, llegó a ocho. Con esos precios, cada compra para 170 platos se vuelve un cálculo de malabarismo. Debido a ello Elena y sus compañeras salen a rescatar alimentos y cambian el estofado por la sopa.
Mensualmente cada olla común tiene que llenar fichas para tener el control de lo que reciben. Sin embargo la falta de capacitación y apoyo para hacer el registro correcto, provoca equivocaciones. Las cuales terminan en reclamos y hostigamientos a las voluntarias de la cocina.
Ese descuido, según la dirigente, se cobra ollas enteras. En Characato, hace quince días, cerraron una y se llevaron todos los alimentos. En Cayma, tres ollas renunciaron al programa, cansadas del hostigamiento, y hoy sobreviven por su cuenta, fuera del sistema de complementación alimentaria. Hace una semana desalojaron la olla común Nueva Generación, en el mismo Cerro Colorado pues cocinaba en un terreno prestado hasta que apareció el dueño y las sacó. De las 89 ollas que Elena conoció el año pasado, calcula que hoy quedan unas 84 o 85. Dejando abandonada a la población que de una u otra forma se acostumbró al servicio. “Se están dando el lujo de cerrar ollas en plena crisis», reclamó.
Con los precios del gas por las nubes y los incrementos en la canasta básica familiar, los pobladores que tenían como una opción llegar a la olla común, ahora corren peligro. Sin embargo desde el municipio provincial los hostigamientos, la falta de apoyo y las miradas desviadas, enfrían cada cocina. Mientras que la leña y el calor de cada fogón se muestran como última esperanza para cada olla que alimenta hasta donde alcanza.
DATO
En la olla comun La Cuarentena, no se cobra ni un sol por plato.
DATO
En Arequipa hay aproximadamente 85 ollas comunes y más de 200 comedores populares.
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