Sergio Mostajo advierte sobre la incertidumbre de las elecciones 2026 en Perú, cuestionando encuestas, debates y la falta de transparencia de los candidatos. El autor alerta sobre un futuro político incierto y un proceso marcado por improvisación.
Por Sergio E. Mostajo Cuentas. Periodista
10, 9, 8… No, no es la cuenta regresiva por el lanzamiento de la misión espacial “Artemis II”; es la cuenta regresiva del lanzamiento de nuestro país hacia un futuro próspero, saludable, democrático y previsible, o hacia un futuro incierto, dictatorial, imprevisible y miserable.
¿Cuándo sabremos eso? El domingo 12 de abril, a las 5 de la tarde.
Hasta ahora, y a la luz de los sondeos de opinión con los que, al por mayor, nos bombardean día y noche desde hace semanas —encuestas tan disímiles unas de otras que, lejos de ayudar a decidir nuestro voto, nos confunden y, en no pocos casos, buscan manipularnos—, esa es la realidad. Ya lo hemos vivido y padecido.
Hemos asistido al mal llamado debate electoral, a la dictadura de “UN MINUTO”, en la que la variopinta manada de candidatos expuso, por así decirlo, algo de sus planes de gobierno. Algo de sus propuestas, algo de sus ideas, algo de sus desvaríos, sueños o pesadillas que, sin embargo, sirvió para confirmar tendencias o descartar de plano a muchos de ellos. Así como para visibilizar a quienes, antes de ese evento, integraban el triste pelotón de los otros.
Además, fue una retahíla de agravios e insultos, recitación de libretos aprendidos de memoria, ataques a quienes, hasta entonces, iban primeros; ataques que buscaban ganarse la simpatía de sus detractores. En unos casos dio resultado; en otros, fueron intentos vanos por la poca elocuencia del candidato(a) agresor.
En una “Pontezuela” anterior mostré mi discrepancia con ese sistema de exposición; hoy lo ratifico. Ese debate fue un remedo, una puesta en escena para cumplir con una exigencia preelectoral. Lo deseable hubiera sido organizar un ciclo de exposiciones con tiempo suficiente para que los postulantes se presenten en sociedad, mostrando toda su hoja de vida: profesión u oficio, propiedad de bienes e inmuebles, valor y procedencia de sus patrimonios, sus ingresos económicos, antecedentes penales y judiciales, así como la existencia o no de procesos judiciales, extintos o en curso, si los hubiera.
También, para que expongan un resumen de sus planes de gobierno: propuestas viables, reales, sin demagogia; que muestren a los jefes o autores de esos planes; que presenten a sus equipos de profesionales y técnicos, en especial a sus asesores y jefes de campaña. En este punto hubiera sido muy importante que revelen sus fuentes de financiamiento: cuentas claras, sin maquillajes, todas puestas sobre la mesa.
Digo más: así como se exige amplia información sobre el candidato presidencial, reitero la necesidad de conocer en la misma dimensión a quienes conforman las planchas o fórmulas. Habida cuenta de lo sucedido en los últimos cinco años, tiempo en el que las vacancias han sido el pasatiempo favorito de los congresistas, que nos han puesto como presidentes a quienes nunca imaginamos ver desempeñando tan honroso cargo.
Hay muy poco que me permita ser optimista; hay más, mucho más que me llena de pesimismo y ratifica lo que dije hace un tiempo: que estas elecciones serán un desastre. El panorama es peor en el caso de las cámaras de senadores y diputados; creo que allí ingresarán perros, gatos y pericotes —muchísimos más pericotes—, además de confesos antisistema, aprovechándose de nuestras pelotudeces democráticas.
La cuenta regresiva está en curso. Dios nos ampare.
CITA
“La cuenta regresiva está en curso. Dios nos ampare”.
CIFRA
34 candidatos participaron en un proceso electoral fragmentado y con alto nivel de desconfianza.
DATO
El 12 de abril se define el rumbo político del Perú en medio de críticas al sistema electoral.









