JTR al día: Mi sobrino Vico, el celeste.

Vico tenía esa manera de estar en el mundo que dejaba huella. Tenía una sonrisa que no pedía permiso: aparecía. Por eso su ausencia no es silencio, es otra forma de presencia.

Por: Jorge Turpo

Vico fue el primero. El primer sobrino, el primer nieto de los ocho hijos de doña Juana, mi madre. Llegó como llegan los que inauguran algo, sin saber que están abriendo un camino.

En su partida de nacimiento decía Hugo, como su padre, pero en la casa, que es donde uno aprende a ser, siempre fue Vico. Así creció, con ese nombre que no figuraba en los papeles pero sí en el corazón de todos.

Para mí no fue solo un sobrino. Fue el hermano menor que nunca tuve. Yo era el último de los ocho y cuando él nació yo tenía ocho años, una distancia mínima, casi una coincidencia. Hay hermanos que se llevan diez o catorce años; nosotros, en cambio, nos llevábamos lo justo para compartir el juego y la complicidad. Crecimos a la par, como si la vida nos hubiera puesto en el mismo escalón.

Vico tenía esa manera de estar en el mundo que dejaba huella. Tenía una sonrisa que no pedía permiso: aparecía. Por eso su ausencia no es silencio, es otra forma de presencia.

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Se fue en la plenitud de su juventud. No voy a esconderlo detrás de palabras suaves ni eufemismos. Fue cáncer, punto. Nos dejó partidos, pero no vacíos. Porque hay despedidas que no borran, solo transforman. Vico, incluso en la memoria, sigue sonriendo.

Si tengo que reclamarle algo es que se hizo “pavo”. Sí, en algún punto del camino se torció y se volvió hincha de Sporting Cristal. Algo habré hecho mal como tío para no retenerlo en la fe rojinegra del FBC Melgar.

Tal vez debí apagar el televisor cuando jugaban Solano, el Chorri, Julinho o Valerio, subcampeones de la Libertadores con Cristal. Tal vez debí insistir más. Pero hay decisiones que uno toma sin pedir permiso. Esa fue la suya.

A veces, por las noches, antes de dormir, le cuento a mi hija Almendra historias de Vico. Le digo: “Te voy a contar las travesuras de tu primo”. Entonces Vico vuelve, no como recuerdo, sino como escena: corre, ríe, se equivoca, insiste.

También le hablo de su abuelo Vicente, porque la memoria, cuando se comparte, deja de doler y empieza a acompañar.

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Este cuento que ahora presento iba a llamarse “Las travesuras de Vico”. Pero las historias, como las personas, a veces toman su propio rumbo. Terminó llamándose “Vico y la serpiente negra”. El otro título queda pendiente, como una promesa que algún día tomará forma.

Este cuento es, en el fondo, una manera de no dejarlo ir del todo. De darle un lugar en el presente. De seguir conversando con él sin necesidad de respuestas.

Sé que, si pudiera opinar, Vico me pediría que la vicuñita del cuento lleve una camiseta celeste. Y yo, fiel a nuestras discusiones de siempre, le respondería lo mismo de antes: Eso jamás ocurrirá, mi querido sobrino.

Frase

Se fue en la plenitud de su juventud. No voy a esconderlo detrás de palabras suaves ni eufemismos. Fue cáncer, punto.

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Vico y la serpiente negra

En el corazón de Pampa Cañahuas vive Vico, una pequeña vicuña de alma valiente y sueños tan altos como el vuelo de un cóndor. Guiado por su curiosidad, decide enfrentar el misterio de la «serpiente negra», una peligrosa carretera que atraviesa su hogar y que los adultos temen mencionar.

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Lo que comienza como una aventura solitaria se convierte en una lucha por la supervivencia cuando Vico queda atrapado al otro lado de una muralla de alambre, lejos del calor de su familia.

Entre el acecho de los zorros, la furia del clima y el peligro del plástico que amenaza su aliento, Vico deberá recordar las enseñanzas de su abuelo Vicente para no rendirse.

Esta es una historia conmovedora sobre el coraje, la fragilidad de nuestra naturaleza y el tejido invisible del amor que siempre nos guía de vuelta a casa.

Acompaña a Vico en este viaje donde descubrirá que, aunque el mundo sea inmenso y aterrador, la verdadera fuerza reside en el corazón de quienes nos esperan.

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PlumaDganso Editorial: Puedes adquirir tu libro en preventa y el nombre de tu hijo, sobrino, nieto o quien desees, figurará impreso en la página de agradecimientos del cuento.

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