El adulto mayor que conmovió a Arequipa por vivir en la tumba de su esposa fue hallado muerto en Majes. Su historia estuvo marcada por el abandono, problemas de salud y falta de atención especializada.
La historia de Félix Flores Quispe, un hombre de 65 años, llegó a su fin de la manera más dolorosa y silenciosa. Durante meses, su figura se volvió parte del paisaje del cementerio de Santa María de La Colina, en Majes, Arequipa, donde encontró refugio en una tumba, tras una vida marcada por la pérdida y la soledad. Aquella escena, que alguna vez conmovió a muchos, terminó convirtiéndose en el último capítulo de una existencia atravesada por el abandono. Su cuerpo fue hallado sin vida en un bosque cercano, como si su historia se hubiera ido apagando lentamente, lejos de todos.
Todo comenzó a hacerse visible en febrero de 2025, cuando vecinos y visitantes notaron que el hombre pasaba sus días y noches sobre la tumba de su esposa, fallecida años atrás. No era solo un acto de tristeza, sino una necesidad profunda de permanecer cerca de quien, según él, había sido su único sostén emocional. Entre lágrimas, repetía que si ella estuviera viva, su realidad sería distinta. Dormía con lo poco que tenía: una carpa improvisada y un colchón, aferrado a los recuerdos que aún le daban sentido a su vida.
Con el paso de los días, su historia reveló un trasfondo más complejo. Félix aseguraba haber sido expulsado de su propia casa por su yerno, mientras que sus hijos, Jeny y Juan Flores Maquera, no se acercaban a verlo, pese a encontrarse cerca. Sus palabras reflejaban un dolor más profundo que la pobreza: el rechazo familiar. Sin embargo, sus propios hijos ofrecieron otra versión, indicando que él se alejaba constantemente del hogar y enfrentaba problemas con el consumo de alcohol, lo que hacía difícil brindarle apoyo continuo.
Una historia marcada por el abandono
Las autoridades locales también conocieron su situación. La regidora Nataly Paz confirmó que el adulto mayor no solo luchaba contra el abandono, sino también contra una enfermedad que requería atención especializada. Intentaron ayudarlo llevándolo a un centro de salud mental, pero la falta de especialistas frustró cualquier intento de tratamiento. La ausencia de un espacio adecuado para personas en situación vulnerable en Majes evidenció una problemática mayor: la falta de respuesta institucional ante casos urgentes.
En algún momento, se intentó coordinar acciones para rescatarlo y ofrecerle una mejor calidad de vida. Fue trasladado al hospital Central de Majes, donde únicamente recibió atención básica antes de ser dado de alta. Pese a que se informó a su familia, nadie acudió al centro de salud. Las promesas de tratamiento y rehabilitación quedaron en el aire, mientras Félix regresaba a su rutina de sobrevivir entre el olvido y el dolor.
Un año después de que su historia conmoviera a la población, fue encontrado sin vida, solo, vestido con ropa sencilla y lejos de cualquier compañía. Su muerte no solo deja una profunda tristeza, sino también preguntas que incomodan: ¿qué falló en el camino para que nadie pudiera sostenerlo a tiempo? Hoy, incluso su último deseo permanece en incertidumbre, pues quería descansar junto a su esposa, pero la ausencia de familiares podría llevarlo a una fosa común, cerrando así una historia que nunca debió terminar de esta manera.
Cita:
“Quisiera estar al lado de mi esposa. Si ella estuviera viva, no sufriría tanto. Mis hijos no me quieren y mi yerno me botó de mi casa”, decía don Félix entre lágrimas.









