El voto del emprendedor en las elecciones 2026 será decisivo para la estabilidad económica. La inversión, la formalización y la confianza dependen de elegir propuestas viables que garanticen reglas claras y crecimiento sostenible.
Diego Jalsovec Rendon, Gerente general Arequipa Distillery Company
A pocas semanas de las elecciones generales de 2026, el Perú se encuentra nuevamente ante una encrucijada que va mucho más allá de las ideologías. Para quienes levantamos una persiana cada mañana, la política no es un debate de café; es un insumo crítico. Una decisión electoral acertada significa estabilidad para invertir; una errática se traduce en alza de costos, fuga de capitales y el freno de proyectos que generan empleo.
Como emprendedores, no votamos por simpatías, sino por la viabilidad de nuestro futuro.
La historia reciente nos ha enseñado que la economía peruana es resiliente, pero no invulnerable. Las proyecciones para este año advierten que la inversión privada podría desacelerarse si no percibimos señales claras de gobernabilidad. Para una mype, la incertidumbre es el impuesto más caro: detiene la compra de maquinaria, congela créditos y ahuyenta a los clientes. Por ello, nuestra primera responsabilidad es el voto informado. No basta con leer un eslogan; hay que diseccionar los planes de gobierno. ¿Tienen propuestas reales para la formalización o solo promesas de subsidios insostenibles? ¿Entienden la diferencia entre un costo laboral y un incentivo a la productividad?
El emprendedor peruano no pide que le regalen nada; pide que no le estorben. En el próximo gobierno debemos buscar tres pilares no negociables:
- Infraestructura adecuada a todo nivel: como hemos sufrido recientemente en Arequipa, la precariedad en el acceso a energía, el mal estado de las carreteras y la falta de conectividad nos hacen frágiles. Necesitamos autoridades que vean la infraestructura no como cemento, sino como la base de la competitividad nacional.
- Simplificación administrativa real: el Estado debe dejar de ser un ente persecutor que solo ve a la Mype como un botín fiscal o una fuente de multas. Necesitamos un régimen que premie el crecimiento, no que lo castigue.
- Estabilidad institucional: sin respeto a las reglas de juego y a la propiedad privada, no hay emprendimiento que sobreviva en el largo plazo.
Finalmente, debemos entender que el voto es la decisión de inversión más importante que tomaremos este año. Un voto desinformado, emitido por el “mal menor” o por el impulso del momento, es un mal negocio que terminamos pagando todos con inflación y falta de oportunidades.
Nuestra responsabilidad ciudadana como emprendedores es doble: primero, ejercer un voto consciente que priorice la capacidad de gestión sobre el populismo; y, segundo, ser portavoces de este análisis en nuestros entornos. No podemos quejarnos de la gestión pública si el día de las urnas no evaluamos al candidato con la misma rigurosidad con la que evaluamos a un socio comercial. Este abril, votemos con la cabeza puesta en el país que queremos construir, porque el futuro de nuestras empresas también se decide en la cédula de votación.
CITA
“El voto es la decisión de inversión más importante que tomaremos este año”, reflexiona el análisis.
CIFRA
La incertidumbre económica puede frenar inversión, créditos y consumo, afectando directamente a miles de mypes.
DATO
Las mypes requieren estabilidad, menos trabas y mejor infraestructura para sostener su crecimiento en el país.









