Evidencia.pe analiza el discurso de César Acuña y cuestiona sus verdaderas motivaciones políticas. Advierte que su búsqueda de poder responde a intereses personales más que a un compromiso real con el servicio público.
César Acuña cerró su campaña política en Arequipa la tarde de ayer. Ojo, no es que aquí sea el fin de su campaña, sino que es la última vez que se le verá por tierras mistianas, porque, según dijo, su objetivo es visitar tres regiones por día hasta el último momento en que se le permita hacer proselitismo. Así que, una vez más, Acuña miente, o al menos dice medias verdades, como ya nos tiene acostumbrados.
Otra afirmación, una más grave, es la que repitió hasta en tres oportunidades durante su discurso de la tarde de ayer: “Yo no vivo de la política”.
Según relató, Acuña es un empresario próspero que no necesita hacer política ni postular a la presidencia para seguir enriqueciéndose. Ante esto, sus correligionarios atribuyen esta premisa como la demostración de que las intenciones de Acuña van directamente hacia el “servicio público”.
Qué tal falacia, pensé, mientras escuchaba el discurso.
César Acuña es uno de los políticos más falsos del actual ecosistema electoral. Aunque sea millonario, es claro que sus ansias por llegar a la presidencia, o incluso al Senado —porque también postula a esta cámara—, son de poder. El poder político que da manejar un partido propio y, además, ser parte de una cámara indisoluble y con mucho poder es lo que lo mueve; es decir, servirse de la política.
Estos cinco años, Acuña y su partido —junto a otros como Keiko Fujimori, Rafael López Aliaga, José Luna y otros— se han encargado de hacer añicos el sistema político y de justicia en el país.
Además, se han repartido el aparato estatal. Acuña y todo su partido han acaparado el manejo de EsSalud. Son dueños, amos y señores de todo lo que pasa en este sistema de salud. Acuña y su entorno sacan y ponen al presidente de EsSalud, a gerentes de las redes asistenciales en el país y hasta trabajadores. Y dentro de ellos están familiares, amigos y personas cercanas a su círculo. De eso ya hay bastantes pruebas.
Para eso es que Acuña quiere llegar a la presidencia: para seguir acumulando poder y continuar sirviéndose de la política.
Pero Acuña también sabe que no logrará ser presidente. Por eso tiene un seguro para mantener ese poder: ser senador. Ahí la tiene más segura.
Si su objetivo fuera servir a la población, no haría tantos cálculos políticos; sería más sincero con la ciudadanía y trataría de terminar su periodo como gobernador regional de La Libertad, una región asediada por el crimen organizado, bandas de sicarios y la minería ilegal.
Primero sirva a su pueblo más cercano, a su región; y luego, cuando se vean resultados reales, con transparencia y sin clientelismo, vuelva a postular. Pero ya sabemos que su objetivo no es servir, sino servirse.
CITA
“Yo no vivo de la política”, afirmó César Acuña, una declaración que el editorial cuestiona duramente.
DATO
César Acuña busca llegar a la presidencia y también postula al Senado como alternativa para mantener poder político.
DATO
El editorial señala que APP tendría influencia en EsSalud, incluyendo designaciones en cargos clave del sistema.









