Opinión

Destilando factos | Facturar no es cobrar: La trampa de la liquidez en la Mype

Por Diego Jalsovec Rendon, gerente general Arequipa Distillery Company

A medida que nos acercamos al cierre del tercer trimestre, la actividad comercial en Arequipa y el sur empieza a acelerarse de cara a la campaña de fin de año. Para el micro y pequeño empresario (Mype), ver la agenda llena de pedidos, los comprobantes emitidos y los contratos firmados genera una comprensible sensación de éxito.

Sin embargo, en la gestión financiera real, existe un espejismo sumamente peligroso: confundir una venta realizada con dinero disponible en la cuenta bancaria. Facturar demuestra que el producto gusta; cobrar es lo que mantiene la persiana abierta.

El gran riesgo del crecimiento acelerado en la pequeña empresa es la asfixia por descalce de caja. En la dinámica comercial diaria, es habitual que los clientes soliciten plazos de crédito de 30, 60 o hasta 90 días. El problema surge cuando las obligaciones del productor —las planillas, el pago a proveedores de insumos, los impuestos y los servicios públicos— no admiten espera. Si la Mype celebra la facturación pero descuida el calendario de cobranzas, terminará en una paradoja muy común: ser una empresa teóricamente rentable en los libros, pero completamente insolvente en el día a día.

Proteger la liquidez requiere un cambio de mentalidad en la dirección del negocio. La gestión del crédito no puede ser un acto de fe basado únicamente en la buena voluntad del cliente; debe ser un proceso estructurado con políticas de cobro claras, límites de crédito definidos y un seguimiento riguroso antes del vencimiento de cada factura.

Asimismo, en el mercado actual existen herramientas financieras diseñadas para mitigar este desfase. El uso del factoring —la conversión de facturas por cobrar en liquidez inmediata a través del sistema financiero— ha dejado de ser un recurso exclusivo de las grandes corporaciones. Para una Mype productiva o de servicios, anticipar el cobro de sus facturas negociables permite comprar materia prima con descuento por pago al contado, asegurar la capacidad de producción para la campaña navideña y evitar el endeudamiento bancario costoso a última hora.

Vender es el primer paso de la ecuación empresarial, pero el ciclo solo se completa cuando el dinero ingresa efectivamente a la caja chica. En estos meses decisivos del año, la disciplina financiera debe pesar tanto o más que el ímpetu comercial.

Cuidar la liquidez, diversificar las fuentes de cobro y priorizar a los clientes que pagan puntual son las decisiones estratégicas que garantizan la sostenibilidad de nuestras Mypes. Recordemos siempre que el verdadero indicador de salud de un negocio no es el tamaño de su facturación, sino la solidez y libertad que le otorga su flujo de caja real.

CITA

“Facturar demuestra que el producto gusta; cobrar es lo que mantiene la persiana abierta.”

DATO

Las Mypes enfrentan pagos de planillas, proveedores, impuestos y servicios que no necesariamente pueden esperar al cobro.

Evidencia.pe

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