El alza del combustible en Arequipa expone un fenómeno de especulación que impacta directamente a emprendedores. El incremento desproporcionado del diésel eleva costos y frena la reactivación económica regional.
Diego Jalsovec Rendon, Gerente general Arequipa Distillery Company
La resiliencia del emprendedor arequipeño es a prueba de todo, o eso nos gusta creer. Sin embargo, en este marzo de 2026, esa capacidad de aguante es puesta a prueba no por el mercado, sino por un fenómeno distorsionador: la especulación. Mientras la crisis energética provocada por la ruptura del ducto de gas en Cusco es una realidad técnica, el aprovechamiento comercial que se vive en los grifos de nuestra ciudad es una decisión ética —o la falta de ella—.
Para una mype, el combustible es la sangre que permite que el producto llegue al anaquel y que el insumo alcance la planta. Cuando el precio del diésel se duplica de un día para otro —pasando de 15 a casi 28 soles en distritos como Mariano Melgar—, lo que ocurre es una transferencia directa de utilidades del emprendedor hacia el especulador.
Es cierto que el contexto global es complejo. El barril de crudo Brent ha superado la barrera de los $100 debido a las tensiones en el Medio Oriente, y nuevos criterios de la SUNAT sobre el impuesto al rodaje han encarecido el costo de importación en un 8 %. No obstante, ninguna lógica económica explica cómo un alza técnica internacional o un ajuste tributario de un solo dígito se transforman en un incremento del 100 % en los surtidores locales en cuestión de horas.
El pequeño productor, que depende de una logística de “última milla” y no tiene capacidad de almacenamiento masivo, queda atrapado. Al subir el flete porque el transportista no encuentra combustible a precio justo, se eleva el punto de equilibrio de todas las empresas, frenando en seco la reactivación económica de la región.
Ante este escenario, la respuesta de Indecopi y Osinergmin resulta insuficiente. Si bien se han desplegado operativos, su rol se limita a verificar que el precio anunciado sea el cobrado. En un sistema de libre mercado, estas instituciones carecen de herramientas para frenar alzas desproporcionadas en contextos de crisis, dejando al emprendedor en la orfandad. La libertad de mercado no debería ser una licencia para el abuso oportunista ante una emergencia nacional.
Arequipa no puede seguir siendo rehén de la especulación cada vez que hay un fallo en la infraestructura. Necesitamos un Estado que garantice no solo la llegada de cisternas, sino la transparencia en la cadena de comercialización. Como ciudadanos y empresarios, nuestra responsabilidad es denunciar estos atropellos y utilizar herramientas como el aplicativo “Facilito” para castigar con el consumo a quienes lucran con la crisis. Producir en el Perú ya es difícil; tener que luchar contra un surtidor que nos roba la rentabilidad, ante la mirada tibia de las autoridades, es, sencillamente, inaceptable.
CITA
“La libertad de mercado no debería ser una licencia para el abuso oportunista”, advierte el análisis.
DATO
El precio del diésel pasó de 15 a casi 28 soles en algunos distritos, un aumento cercano al 100%.
DATO
El aplicativo Facilito permite comparar precios de combustible y denunciar abusos en grifos a nivel nacional.









