Como ya es menester, la jornada del segundo debate presidencial estuvo marcada por duros enfrentamientos, acusaciones de corrupción y propuestas económicas dispares. Entre cifras ambiciosas y frases punzantes, los candidatos evidenciaron una campaña polarizada donde el debate de ideas convivió con ataques personales.
La escena fue áspera desde el inicio. En el Centro de Convenciones de Lima, los candidatos no tardaron en dejar de lado la cordialidad para entrar en terreno de confrontación directa. Hubo propuestas sobre empleo y desarrollo, pero también acusaciones de corrupción, referencias al pasado político y mensajes cargados de tensión que marcaron el ritmo de una noche sin tregua.
El bloque económico volvió a ser el eje, pero no logró ordenar el debate. Marisol Pérez Tello planteó cerrar la brecha digital con una fuerte inversión en infraestructura y apostar por sectores como minería, turismo y agricultura como motores de crecimiento. Rafael López Aliaga insistió en reducir el gasto estatal y redirigir recursos hacia los más pobres, mientras Mesías Guevara prometió recuperar millonarias exoneraciones tributarias para impulsar a las PYMES.
Desde otra orilla, Roberto Sánchez denunció un modelo económico que, según dijo, concentra la riqueza en pocas manos, y Francisco Diez-Canseco defendió medidas para formalizar la economía desde abajo. Las propuestas desfilaron con rapidez, pero muchas quedaron eclipsadas por el ruido político.
Porque el debate pronto se convirtió en un campo de batalla. Pérez Tello llamó “peón de Odebrecht” a López Aliaga y le restregó el último caso del alcalde de Yanahuara y correligionario de su partido, Sergio Bolliger, resibiendo supuestas coimas en su despaco. A lo que López Aliaga respondió con acusaciones sobre su gestión y supuestos vínculos con corrupción. En tanto, Keiko Fujimori elevó el tono al calificar a Roberto Sánchez como “un peligro”, lo que desató una réplica inmediata en la que se cuestionó el modelo económico y la concentración de riqueza.
La propia Fujimori también protagonizó choques con Mesías Guevara, a quien acusó de actuar como un “trol”, y recibió críticas directas sobre su trayectoria. Y en paralelo, Charlie Carrasco lanzó una de las frases más duras de la noche al referirse a sus rivales como “la peor lacra de la política nacional”. El intercambio fue constante, áspero y sin concesiones.
En ese clima, los mensajes finales buscaron reconectar con el electorado, aunque sin abandonar el tono combativo. Keiko Fujimori pidió una oportunidad para gobernar y prometió orden, mientras Marisol Pérez Tello apeló al voto sin miedo y con esperanza. Francisco Diez-Canseco habló de una “revolución pacífica con mano firme”, y Carrasco advirtió sanciones severas contra lo que denomina un “pacto mafioso”. Entre promesas de mano dura, reformas estructurales y llamados emocionales, la jornada cerró con más certezas sobre el estilo de los candidatos que sobre la viabilidad de sus propuestas. La política, una vez más, se mostró sin filtros
DATO
El debate incluyó enfrentamientos directos entre Fujimori, Sánchez y Guevara
DATO
Vladimir Cerrón no participó en la jornada por estar en condición de prófugo








