Chocolate amargo: Avaros, mentirosos y farsantes

La rotura de un ducto del sistema de gas de Megantoni, en Cusco, provocó alzas en combustibles y tensiones en el transporte urbano de Arequipa, reabriendo el debate sobre especulación y regulación del mercado.

Rotura de ducto en Megantoni impactó precios de combustibles.

Por Lic. Jonathan A. Barcena Carpio. Periodista

La reciente crisis provocada por la rotura del ducto de gas en Megantoni, en la región Cusco, dejó al descubierto mucho más que una falla en la infraestructura energética del país. Lo que se rompió no fue solo una tubería del sistema de gas de Camisea; también se fracturó, una vez más, la frágil ética pública y privada que suele aparecer en momentos de crisis. Lo que vimos durante las últimas semanas en Arequipa puede resumirse en tres palabras: avaros, mentirosos y farsantes.

Avaros, porque mientras el país intentaba comprender el alcance real del problema energético, algunos empresarios de estaciones de servicio reaccionaron con la rapidez que solo produce la ambición. Los precios de los combustibles comenzaron a subir en cuestión de horas, muchas veces sin una justificación técnica clara ni un traslado real de costos.

La lógica fue simple: si hay miedo al desabastecimiento, es momento de especular con los precios, y así lo que costaba 14.00 soles subió a S/ 20.00, solo por poner un ejemplo. En lugar de actuar con responsabilidad frente a una contingencia nacional, algunos operadores del mercado optaron por aprovechar la incertidumbre ciudadana, escudados en la ya conocida frase para estas situaciones: “ley de la oferta y la demanda”.

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En tiempos de crisis, el mercado debería demostrar su madurez; sin embargo, lo que se evidenció fue una conducta oportunista que golpea directamente el bolsillo de miles de familias.

Mentirosos, porque el segundo acto de esta historia lo protagonizó el sector del transporte urbano, que intentó justificar un aumento inmediato del pasaje hasta S/ 1.50. El argumento fue el incremento del costo de los combustibles. Sin embargo, la explicación no resistía el más mínimo análisis.

En la mayoría de los casos, las unidades operan con sistemas de combustible distintos al de la emergencia. Pero la narrativa era conveniente: si el combustible sube, el pasaje también, justificando así su transgresión del contrato del SIT con la Municipalidad Provincial de Arequipa.

Esta falacia provocó hechos aislados, pero que no dejan de preocuparnos y de hacernos reflexionar sobre en qué sociedad vivimos. Un conductor que golpea a un anciano que pagó un sol; otro chofer que arranca cuando una madre de familia está descendiendo del vehículo luego de pagar su pasaje habitual; y muchos otros “genios” al volante que, por prestar el servicio, creen que pueden insultar a sus usuarios.

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Los mentecatos del volante buscaron trasladar de forma automática el costo a los usuarios, ignorando que el transporte público no es solo una actividad económica, sino también un servicio que impacta directamente en la vida cotidiana de miles de trabajadores, estudiantes y familias.

Pero también es hora de cambiar algunas reglas de juego. El pasaje diferenciado, por ejemplo. Tampoco es justo que se pague un sol desde el Cono Norte con destino al Cono Sur; prácticamente se cruza la ciudad de costa a costa con un pasaje que no cubre la hora máquina y la hora hombre. No sé, piénselo, señor alcalde y funcionarios.

Por último, están los farsantes, los de siempre: los candidatos, los aspirantes a cargos públicos y autoridades locales, regionales y nacionales que, frente a una crisis real, reaparecen únicamente con declaraciones, promesas y discursos. Mientras la ciudadanía enfrenta aumentos, incertidumbre y desinformación, la respuesta política suele limitarse a conferencias, comunicados y mensajes en redes sociales. Mucha palabra, poca acción.

La crisis del ducto reveló una vez más la ausencia de liderazgo efectivo para anticipar, gestionar y mitigar los efectos de este tipo de emergencias. Se habla de seguridad energética, de regulación del mercado y de protección al consumidor; pero, en la práctica, el ciudadano queda expuesto frente a los abusos y las especulaciones.

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La rotura del ducto en Megantoni fue un accidente técnico. Pero la reacción social y económica que vino después fue, en muchos casos, un reflejo de nuestras propias debilidades institucionales como país.

Avaros, mentirosos y farsantes. Tres palabras que describen con precisión lo que ocurrió en los días posteriores a la emergencia. Y, lamentablemente, tres conductas que el país parece repetir cada vez que enfrenta una dificultad colectiva.

Tal vez el verdadero desafío no sea solo reparar un ducto en la selva cusqueña. El verdadero reto es reparar la cultura de oportunismo, engaño e irresponsabilidad que sigue acompañando nuestras crisis.

CITA
«La crisis del ducto reveló especulación y falta de responsabilidad».

CITA
«Algunos empresarios subieron precios en horas de incertidumbre».

CITA
«La reacción ante la emergencia expuso debilidades institucionales».

DATO
La rotura ocurrió en el distrito de Megantoni, en la región Cusco.

DATO
El sistema afectado forma parte del gas de Camisea, que atiende a 2 millones de familias.

DATO
La crisis generó alzas injustificables en el precio de los combustibles y transporte.

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