Usted decide: La puerta del horno

La estrecha diferencia registrada en la segunda vuelta presidencial invita a reflexionar sobre las razones detrás del voto y la creciente polarización política. Más allá de simpatías partidarias, el análisis plantea la necesidad de comprender las motivaciones de millones de peruanos, evitar discursos de confrontación y reconocer que los desafíos del país exigen convivencia democrática y respeto mutuo.

La convivencia democrática aparece como uno de los principales desafíos tras la elección presidencial.

Por: Sarko Medina Hinojosa. Periodista

Tres veces lo intentó y falló. Pareciera que esta cuarta vez sí le ligará, pero la diferencia es tan pequeña. En esta fotografía, menos de mil votos de ventaja frente a Sánchez. Una sala de cine, un teatro. Ínfimo. Contra Ollanta perdió por casi medio millón de votos. Contra PPK fueron 41 mil votos y contra Castillo, 44 mil. ¿Qué pasó? ¿Se volvió canon el meme de aquel que la ve con otros ojos y dice: «Keiko, yo siempre te vi bien»?

No. Lo que pasó es que miles de personas que antes votaban contra Keiko dejaron de considerar prioritario hacerlo. Sí, aunque no quieran admitirlo, muchos de los que durante años votamos en blanco o viciado ahora marcamos, con resignación, la K. ¿Eso es malo? ¿Por qué?

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Las respuestas son varias, y duele pensar que, por más que se expliquen, la parte más extrema de la izquierda del espectro político no lo entenderá, de la misma manera que el extremo derecho nunca entendió por qué Ollanta o Castillo. Creer que quienes votaron por ella en estas elecciones por primera vez son fanáticos del naranja es un error, y eso está dividiendo nuevamente al país en una especie de moralina falsa.

Aquel a quien tachas de tibio trabaja igual que tú y paga sus impuestos, cría a sus hijos, atiende a sus padres, estudia la misma carrera y viaja en la misma combi. No es un alienígena.

Así que, antes de ponernos el sombrero de la superioridad moral o sacar el táper de la economía como argumento para sentirnos mejores, contemplemos el panorama completo: nos la estamos jugando todos. Los que pagan combi y los que toman Uber; los que compran Pisco Huamaní o los que compran su Piedra; los que piden un emoliente o van a Starbucks son los mismos que empujan esta economía para que no se desplome, para que puedas yapear. No es la economía perfecta, por Dios que no lo es. Hay diferencias estructurales profundas, una sierra largamente abandonada, una selva olvidada y pueblos costeros librados a su suerte. Pero salga Sánchez o salga Keiko, somos nosotros quienes empujamos este triciclo.

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Perder la compostura para insultar al otro, así sea de manera sarcástica o abiertamente vulgar, te convierte en peor persona que aquel a quien diriges el insulto. Alentar a las masas a salir a morir por un político tampoco es aceptable. Gritar fraude hace quince años o hacerlo ahora responde a la misma figura del mal perdedor. Solo alimenta la fractura nacional que hemos construido creyendo que el pobre es pobre porque quiere y que el rico lo es porque le regalaron todo.

Lo único que nos llevaremos a la tumba es aquello que aportamos a la vida de los demás. Ya decidirás si fueron insultos o palabras de aliento.

Y no festejen antes de tiempo, porque el pan quemado no pasa ni con café.

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CITA

«La superioridad moral y los insultos solo profundizan las fracturas que dividen a la sociedad.»

DATO

Keiko Fujimori perdió anteriores balotajes por diferencias de casi 500 mil, 41 mil y 44 mil votos.

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