El incremento del pasaje urbano en Arequipa desató protestas ciudadanas que evidencian el malestar por el alto costo y la baja calidad del servicio. La falta de fiscalización y diálogo agrava la crisis del transporte público.
Por: Carlos Vásquez Gonzáles
El transporte público vuelve a encender una chispa que, lejos de apagarse, amenaza con convertirse en un incendio social. La reciente protesta de pobladores de Socabaya y Cayma, junto a estudiantes universitarios y obreros de construcción civil, no es solo una reacción al incremento del pasaje urbano; es la expresión de una ciudadanía que siente que las decisiones se toman unilateralmente.
Cuando cientos de personas deciden dejar sus actividades para marchar, no lo hacen únicamente por unos céntimos más en el pasaje, sino por lo que esos céntimos representan: una economía familiar asfixiada y una institucionalidad que no logra generar confianza. Peor aún, se percibe que todo el contexto energético adverso debe recaer siempre en sus bolsillos.
El alcalde Víctor Hugo Rivera enfrenta hoy más que una protesta. En juego está la credibilidad de su gestión. Las acusaciones de una supuesta negociación con transportistas, sumadas a la falta de cumplimiento en tarifas diferenciadas para estudiantes, dibujan un escenario donde la autoridad parece distante de la realidad cotidiana.
El reclamo estudiantil, en particular, resulta revelador. No se trata solo de pagar S/ 1.30 en lugar de S/ 0.70; se trata de la normalización del incumplimiento. Cuando las reglas existen, pero no se respetan, el problema deja de ser económico y se convierte en ético. Y la demanda de retornar al pasaje de S/ 1.00 no es solo una cifra: es un símbolo de resistencia frente a decisiones percibidas como injustas.
En este contexto, la Municipalidad Provincial de Arequipa tiene dos caminos: persistir en una medida cuestionada o abrir un verdadero espacio de diálogo con la ciudadanía. No basta con justificar el alza; se debe fiscalizar a las empresas y, sobre todo, garantizar que los derechos de los usuarios se respeten en esta lenta implementación del sistema integrado de transporte (SIT).
CITA
“Cuando las reglas existen, pero no se respetan, el problema se vuelve ético”.
DATO
Usuarios reclaman que el pasaje pasó de S/ 1.00 a S/ 1.30 sin mejoras en el servicio.
DATO
Estudiantes denuncian que no se respeta el pasaje diferenciado de S/ 0.70.









