Los debates presidenciales dejan más dudas que certezas. En un escenario de desconfianza generalizada, el elector enfrenta la decisión de votar por descarte, priorizando quién representa el menor riesgo más que una opción sólida.
Por Sarko Medina Hinojosa
Se realizó la primera etapa de debates presidenciales. Los candidatos abordaron seguridad ciudadana, lucha contra el crimen y la corrupción con más circo que propuestas, las cuales van desde lo razonable hasta lo delirante. Y, al terminar, la sensación es la misma: seguimos sin saber a quién diablos votarle.
La incertidumbre es exceso de desconfianza justificada. Quedan dos semanas para las elecciones y todavía hay tiempo para aplicar el método de descarte que, seamos honestos, es como la mayoría decide: primero, eliminamos por afinidad política (derecha, izquierda, centro o lo que sea que quede de esas categorías); segundo, filtramos por posicionamiento en temas que nos importan (seguridad, economía, salud); y tercero, escogemos al que más confianza nos da.
El problema viene en ese tercer filtro. Porque, históricamente, teníamos un criterio determinante, casi familiar: ¿con este candidato podría dejar a mi hijo o a mi abuelo solos? ¿Le confiaría que mire mi tienda mientras voy al banco, sin que la robe? Era una prueba simple, pero eficaz, de integridad básica.
Ese criterio ya no se puede aplicar. No con candidatos que se acusan mutuamente de ser parte del “pacto mafioso”; no con historiales donde abundan investigaciones fiscales, denuncias archivadas por tecnicismos, cambios de partido más frecuentes que de celular. No podemos confiarles ni la tienda ni al abuelo, menos a un bebé. Entonces, ¿qué nos queda?
Nos queda votar por el menos malo. Por el que robe menos, mienta menos, traicione menos. Nos queda resignarnos a que, durante cinco años, el país estará en manos de alguien a quien no le dejaríamos cuidar ni una maceta. Y esa resignación es muy jodida, perdonen que me exceda en coloquialismos.
A dos semanas de las elecciones, el desafío es informarse mejor y más aún. Porque, si seguimos votando con el criterio de “este por lo menos no nos robará todo”, estamos garantizando que nos roben algo.
Al final, usted decide.
CITA
“No podemos confiarles ni la tienda ni al abuelo, menos a un bebé”.
DATO
A dos semanas de las elecciones, gran parte del electorado aún no define su voto.
DATO
El método de descarte se consolida como principal criterio de decisión electoral entre ciudadanos.









