Un nuevo accidente en la vía Arequipa–Puno deja 13 fallecidos y evidencia las graves fallas en infraestructura y seguridad vial. La falta de planificación y control agrava una tragedia que se repite.
Por: Carlos Vásquez Gonzáles
Una vez más, la carretera Arequipa–Puno vuelve a teñirse de sangre. Trece muertos en un solo accidente, tras el choque frontal entre un tráiler y una miniván que intentaba llegar a la Ciudad Blanca. No son cifras: son vidas truncadas por un sistema que hace tiempo dejó de funcionar.
Llegar al kilómetro 178 no solo significó presenciar una escena dantesca, sino también escuchar las explicaciones de siempre: exceso de velocidad, imprudencia, neblina. Todo eso existe. Pero reducir la tragedia a la conducta del conductor —en este caso, la presunta invasión de carril— es la salida más cómoda. Es evitar el fondo del problema: el abandono del Estado y la precariedad de la infraestructura vial.
Según la Policía de Carreteras, el 60 % de los accidentes en la región ocurre en esta vía. No es coincidencia. Es evidencia. La carretera Arequipa–Puno no es una autopista: es una ruta estrecha, con tramos deteriorados, sino destruidos, señalización deficiente y sin separación entre carriles. Aquí, un error humano no es un incidente; es una sentencia de muerte.
La miniván partió de madrugada desde Chalhuahuacho con 15 pasajeros. Como tantas veces, el viaje terminó en tragedia, porque en estas carreteras el riesgo es permanente, además del factor climático adverso que en ocasiones golpea.
Y, mientras tanto, Arequipa crece, pero no en accesos. No existen autopistas de ingreso ni salida acordes a la demanda. El cierre del puente Uchumayo evidencia una ciudad colapsada y sin planificación. Las responsabilidades son claras: autoridades que no planifican, concesionarias que no garantizan seguridad y un sistema que responde con obras.
La carretera Arequipa–Puno no mata sola. En ella mata la indiferencia. Y, mientras no se transforme en una vía moderna y segura, la historia seguirá repitiéndose. Cada accidente en la carretera Arequipa–Puno no debería ser una noticia más. Debería ser un punto de quiebre.
CITA
“La carretera Arequipa–Puno no mata sola. La mata la indiferencia”, señala el análisis crítico.
CIFRA
60 % de los accidentes de tránsito en la región ocurre en la vía Arequipa–Puno, según la Policía.
DATO
La carretera carece de separación de carriles y presenta señalización deficiente en varios tramos críticos.









