Mientras el aluvión arrasaba con todo a su paso en Yanahuara y el huaico ingresaba a la Universidad Continental en José Luis Bustamante y Rivero, ambos alcaldes reaccionaban en plena emergencia. Pero los riesgos fueron advertidos con meses de anticipación sin que las autoridades hicieran algo
Las lluvias intensas que azotaron Arequipa activaron quebradas y torrenteras que durante años estuvieron en la lista de riesgos conocidos. El desborde de la torrentera Chullo, en Yanahuara, arrasó con más de 450 viviendas; mientras que la torrentera Los Incas, en José Luis Bustamante y Rivero, ingresó con violencia a la Universidad Continental.
En medio del desastre, el alcalde de Yanahuara, Sergio Bolliger, anunciaba que había solicitado apoyo al Ejército y al Gobierno Regional de Arequipa (GRA) para mitigar los daños. Coordinaciones de emergencia, pedidos de maquinaria y discursos en tono urgente marcaron su aparición durante la emergencia.
En paralelo, el alcalde de José Luis Bustamante y Rivero, Fredy Zegarra Black, recorría la zona colindante a la Universidad Continental, supervisando labores para despejar el cauce de la torrentera. Pero lo ocurrido no fue un hecho súbito ni imprevisible. Ambos escenarios habían sido advertidos con antelación. Sin embargo, las acciones estructurales de prevención nunca llegaron.

Perdieron un proyecto
En el caso de Yanahuara, la municipalidad contaba con un proyecto para implementar un sistema de alerta temprana ante lluvias intensas y peligros asociados a la cuenca del río Chili y la torrentera Chullo. La inversión ascendía a S/ 1 millón 043 mil 839.01. Fue declarado viable el 28 de diciembre de 2021 y tenía un plazo de vigencia de tres años.
Ese plazo venció el 28 de diciembre de 2024. La iniciativa caducó sin ejecutarse. Su desactivación en el Banco de Inversiones obliga ahora a reiniciar todo el ciclo desde cero si se desea retomar. Es decir, la herramienta preventiva quedó archivada justo antes de que la naturaleza pusiera a prueba a la ciudad.
Consultado en su momento, Bolliger restó importancia al proyecto. “No lo consideramos tan urgente”, dijo tras perder la viabilidad. Ahora, luego del embate de la naturaleza, insistió en que el sistema “no era muy útil” porque solo avisaba cuando el fenómeno meteorológico ya estaba en curso. También argumentó que el fenómeno no había ocurrido en 70 años y que los recursos eran escasos.
“Ese era un sistema de alerta que servía para que te avisen que ya viene el agua, más rápido te avisa la población. O cuando está lloviendo uno va previendo cómo va subiendo el agua. La mejor alerta es que ya llueve», insistió a Evidencia.pe, pero evidentemente, en este caso, todo eso no ocurrió. Nadie les avisó a los vecinos de Yanahuara que un huaico se dirigía hacía ellos.
El edil añadió que ahora gestionará un proyecto para ensanchar el cauce del afluente a su tamaño original. Sin embargo, durante tres años no se impulsó ninguna obra estructural para ampliar la torrentera ni reforzar sus defensas. Después de la guerra todos son generales.

Invadieron la torrentera
En José Luis Bustamante y Rivero, la advertencia fue distinta, pero igualmente clara. En junio de 2025 se reveló la existencia de una vía de ingreso colindante a la Universidad Continental construida sobre el cauce de la torrentera Los Incas, a la altura de la avenida Lambramani. La intervención afectaba el paso natural del torrente que cada verano desciende con fuerza.
Imágenes satelitales de Google Earth desde 2015 muestran que la vía original llegaba solo hasta una vivienda ubicada a unos 200 metros del actual campus. Tras el cambio de uso aprobado a fines de ese año, comenzaron las obras de la universidad y, progresivamente, se habilitó un camino que invadía la torrentera.
Entre 2016 y 2018 la vía fue modificándose, cerrándose y reabriéndose, hasta consolidarse sobre el cauce. Con el tiempo se extendió para permitir el ingreso de vehículos a estacionamientos construidos donde antes había chacras. En 2024, incluso, se reubicó el estacionamiento, mientras el campus seguía expandiéndose sobre terrenos que antes eran campiña

La Universidad Continental, a través de su gerente general en Arequipa, Thomas Silva Risueño, negó haber construido la vía y sostuvo que se trataba de una antigua servidumbre usada por agricultores. No obstante, el registro satelital evidencia cambios posteriores al inicio de las obras del campus.
Estas observaciones fueron advertidas oportunamente al municipio de Bustamante y Rivero, pero tampoco hicieron nada al respecto. Recién ahora, tras el paso del aluvión, el alcalde Fredy Zegarra Black señaló que enviaron cartas preventivas y que existe un proceso administrativo sancionador por invasión de cauce. “De manera inmediata no se puede sancionar”, afirmó.
Sin embargo, las medidas no lograron revertir la ocupación ni devolver plenamente el cauce natural de la torrentera. Mientras los procedimientos seguían su curso, la infraestructura se consolidaba y el riesgo permanecía intacto. El resultado se vio esta semana: el huaico descendió por Los Incas e ingresó al campus universitario, confirmando el peligro que durante años fue señalado.
Hoy los alcaldes aparecen gestionando ayuda y coordinando limpieza. Pero la pregunta central persiste: ¿qué se hizo cuando aún había tiempo para prevenir? Nada. Porque cuando las advertencias existen y las autoridades no actúan, el desastre deja de ser sólo natural. Y en Arequipa, más que un fenómeno inédito, lo que queda es la sensación de una tragedia anunciada.

Dato:
En Yanahuara, entre 450 y 500 familias lo perdieron todo productos del desborde de la torrentera Chullo.
Dato:
El permiso para la construcción de la universidad Continental fue entregado por el exalcalde Alfredo Zegarra Tejada.









